www.noticiasdealmeria.com

Complicado hacerlo peor que Rajoy

google+

Comentar

Imprimir

Enviar

Dijo que no habría urnas, y las hubo, que no habría papeletas, y las hubo, dijo que no habría referéndum… y la gente votó, ha dicho que no habrá declaración unilateral de independencia… y ahí me quedo.

El presidente del Gobierno central, Mariano Rajoy, tal vez podría haberlo hecho peor en la crisis catalana, pero habría sido muy, muy difícil superarle. Ha logrado, él solito, copar las portadas de la prensa internacional con un mensaje que es justo el que querían los independentistas. Solo el miedo de otros estados a que las naciones que los componen tomen la misma vía que Cataluña es lo que justifica las adhesiones que ha tenido a su gestión.

Hay que partir de un hecho claro, y es que las tensiones territoriales en España no son de ahora ni de ayer, existen desde que se conforma como Estado, y hasta el momento no han sido resueltas, por lo que cada cierto tiempo, por razones diversas en cada caso, se avivan de una u otra manera. En unas ocasiones estallan en mitad de una crisis política, en otras al hilo de una guerra, en otras es la economía el detonante… y no es una cuestión únicamente catalana, basta mirar periódicos antiguos –a falta de libros escolares, que en Andalucía el PSOE se ha encargado de mantener el relato franquista de la historia, solo con algo de maquillaje- para advertir que ahí han estado también no solo los vascos, también los gallegos, los andaluces y los castellanos.

Es por eso que quien pensara que el asunto acabaría enfriándose se equivocaba, y eso pensó Rajoy, y quien pensara que se solucionaría con dinero, se equivocaba, y eso pensó Rajoy… y todos los que le precedieron en el cargo.

Pero lo peor ha sido lo del domingo. Los independentistas han logrado su principal objetivo, que no era otro que “internacionalizar el conflicto”. Lo que no había conseguido con sus embajadas, ni con sus giras, ni con sus diplomacia de tres al cuarto, se lo regaló en bandeja el propio presidente del Gobierno central.

Tras haber fallado estrepitosamente en la gestión previa en el último lustro, parecía haber tomado la iniciativa con una amplia operación para evitar el referéndum. Por un lado la ofensiva judicial contra las decisiones ilegales y contra quienes las ponían en marcha en el Govern, y por otro la policial, requisando publicidad, papeletas, y demás, todo con el fin de impedir materialmente la vulneración de la legalidad que culminaba en el hecho mismo de la votación.

Ahora bien, desmontada la infraestructura mínima que pudiera dar visos no ya de legalidad o legitimidad, sino de “viabilidad física” de un referéndum que pudiera ser admitido como homologable, no hacía falta montar un espectáculo como el visto por el mundo mundial.

Los independentistas eran –y son- conscientes de que la batalla se juega fuera, de que un país no existe si los demás Estados no lo reconocen como tal, por lo que el referéndum no era más que el escaparate con el que querían presentarse ante la comunidad internacional.

A ellos les valía la foto del pacífico y alegre pueblo catalán, esperanzado y sonriente, que se dirige a las urnas y vota por su independencia de un Estado que les niega ese derecho que democráticamente vienen reivindicando desde todas las instituciones.

Y también les valía la foto de un Estado policial, un Estado represor, que niega el derecho básico en la democracia, el voto.

Pues bien, Rajoy ha logrado que tengan las dos. Increíble pero cierto, la mejor campaña de publicidad de la República Catalana patrocinada por el Gobierno de España.

Pues bien, Rajoy ha logrado que tengan las dos. Increíble pero cierto, la mejor campaña de publicidad de la República Catalana patrocinada por el Gobierno de España.

El mundo ha visto colegios abiertos con normalidad en los que se vota, con urnas y papeletas, por tanto, referéndum homologable, y por otro a policías antidisturbios asaltando colegios electorales como en una dictadura. Eso es lo que se ha visto fuera, que era el público a quien se dirigía el espectáculo dirigido por la Generalitat, porque aquí ya sabíamos de qué iba todo esto.

El error de Rajoy ha sido estratégico, de nuevo. Si podían ser bloqueados todos los colegios electorales, la pregunta es por qué no lo hizo, y si la respuesta es que resultaría imposible, la pregunta es por qué se empeñó en decir que así se haría.

Llegado el domingo, cuando se ha dejado claro que el referéndum no solo era ilegal, sino que además era imposible tomárselo como tal por las circunstancias previas legales y policiales, quizá el Gobierno, a sabiendas que no podría evitar la votación sin generar altercados de mayor o menor gravedad, debiera haberla tomado como un acción reivindicativa y poco más, dándole ese carácter folclórico, al estilo del 9N. Eso sí, mandando agentes para que identifiquen la titularidad de los colegios electorales, a todas y cada una de las personas sentadas en las mesas electorales, a los apoderados de los partidos, a quienes voten… se les toma la filiación y se les da un papelito avisando que ya les llegará la multa administrativa… o la citación judicial. Y todo avisando antes de que están haciendo un acto ilegal.

Habrá quien sostenga que se ha permitido votar y que esa imagen la buscaban los independentistas, y es verdad, pero ahora tienen esa, y la de la “brutalidad del Estado opresor”.

Si además se sabía que, en cualquier caso, el resultado sería el Sí, y que el paso siguiente iba a ser la declaración de independencia… si eso ya se sabía que iba a ocurrir, intentar ponerle puertas al campo es imposible.

Ahora, después de todo lo ocurrido, suspender la autonomía catalana, aunque sea para convocar elecciones autonómicas desde el Estado, no es más que otro salto al vacío. ¿Y si crecen los independentistas tras los sucesos del 1-O? Y aunque ganen los llamados constitucionalistas o unionistas ¿no se dan cuenta de que en el mejor de los escenarios es aparcar el problema hasta dentro poco?

No sé… igual Rajoy podría plantear un referéndum a todos los ciudadanos españoles excluidos los catalanes, para que España se independice de Cataluña… así nació El Ejido tras segregarse Dalías, que era el municipio “madre”.

No me digan que no sería divertido decirle a Puigdemont, Junqueras y a los de la CUP… no os vais vosotros ¡os echamos nosotros!