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Ley de Memoria Oculta

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Se suele decir que hay que recordar el pasado para evitar repetirlo, pero con la Ley de Memoria Histórica y la de Memoria Democrática –dos gotas de agua del mismo charco- da la impresión que en vez de memoria, lo que se reclama es imponer la desmemoria, como ha ocurrido con la polémica de los retratos de Franco y Millán Astray en la exposición “Cultura de defensa” en la Diputación de Almería.

A pregunta de la diputada socialista en el Congreso Sonia Ferrer, el Ministerio de Defensa se ha desvinculado de la muestra, alegando que quien la organiza es una entidad privada –la Hermandad de Caballeros y Damas Legionarios- y que ni colabora con ella ni la financia.

Pero más allá de este hecho concreto, lo que habría que valorar es si resulta justificable que aparezcan estas imágenes, y parece obvio que sí, pues forman parte de los fundadores de este Cuerpo. Ahora bien, reducir las biografías de ambos a ese dato, o limitarse a glosar las glorias militares de ambos, eludiendo recordar su papel preponderante en el golpe militar que dio inicio a la Guerra Civil primero, a la represión después, y cuatro décadas de dictadura, es falsear burdamente nuestra historia con fines espúrios. Por ahí debía haber ido la queja de PSOE e IU, no por la mera aparición de los mismos, sino por no reflejar también ese dato que es clave en la historia de ambos, y como no, en la historia de este país aún llamado España.

Coincidiendo con la denuncia de los dos grupos políticos sobre esta exposición –de la que se enteraron un par de días antes de su clausura a pesar de que estaba en el patio de luces de su centro de trabajo- la Junta de Andalucía tomaba medidas para tapar una foto de Franco que aparecía en una agenda escolar repartida en un colegio, a pesar de que la misma era una instantánea de un aula musealizada que reflejaba la época de la dictadura, y por tanto, con toda la parafernalia del nacionalcatolicismo.

Es del todo razonable poner cada cosa en su sitio, pero es curioso que los mismos que se afanan en sacar la momia del dictador continuamente a pasear por cualquier sesión plenaria de cualquier institución democrática, sean los mismos que luego quieren que sus cadáveres permanezcan ocultos bajo siete llaves.

No puede ser que a día de hoy los escolares no sepan qué ocurrió el 18 de Julio de 1936, que no sepan quién era José Antonio Primo de Rivera o qué era Falange y el papel que jugaron en la Guerra Civil, que por cierto, se toca tan levemente que parece que no existió.

Investigar las elecciones municipales que dieron paso a la proclamación de la II República para conocer sus resultados más aproximados –nunca se llegaron a publicar oficialmente- es motivo casi de ostracismo institucional para sus autores. Y lo mismo pasa con la violencia ejercida por la izquierda durante esos años ya fuera en la calle o en el Gobierno… no existió según el relato oficial, lo que permite que el relato no-oficial sostenido por la derecha más reaccionaria también encuentre eco en otros sectores sociales. Todo antes que la verdad.

Pero claro, es que no es lo único. Los escolares andaluces tampoco saben nada sobre que el Estatuto de Autonomía para Andalucía ya estaba en marcha durante la II República, y es que de lo que se trata es de imponer la idea de que Andalucía –no la Junta, Andalucía- existe desde que la gobierna el PSOE… nada fue antes y nada será después.

La Ley de Memoria Histórica y la de Memoria Democrática solo se justifican si tienen como fin poner en valor a aquellas personas que lucharon por la libertad y la democracia, por la solidaridad y la convivencia, y que durante cuatro décadas oscuras fueron olvidados en el mejor de los casos, o vilipendiados en el peor; pero si se utilizan para tachar renglones en los libros, o para retirar carteles de una exposición, están contribuyendo a ocultar algo que existió, algo que deben conocer las jóvenes generaciones para saber combatirlo a tiempo.