SALUD

Cómo la música afecta a tu cerebro

Martes 25 de octubre de 2016


Podría decirse que la música es algo inherente a la condición humana. Cantar y bailar está presente en todos los tipos de sociedades a lo largo de la historia; en todas las culturas se ha escuchado, se escucha y se escuchará música en alguna forma. Desde siempre los científicos han apuntado a que escuchar música nos afecta de distintas maneras; se sabe que incide en distintas partes de nuestro cerebro, aunque resulta más difícil demostrar cómo. Los avances en la neurociencia hacen que cada vez se publique un mayor número de estudios concretos sobre qué es lo que les sucede realmente a nuestras neuronas cuando escuchamos música.

El año pasado, por ejemplo, la Universidad de Helsinki publicó un estudio que demostraba que la música clásica tenía un efecto en genes responsables de producir sensaciones de placer. En general todos los participantes en esta investigación mostraban una mejor actividad cerebral al escuchar a Mozart pero ésta era todavía mayor entre aquellos que estaban familiarizados con este tipo de música. Esto tiene que ver con el hecho de que la música nos afecta directamente en el momento de escucharla pero también conecta con nuestras experiencias anteriores, nuestra propia “base de datos”; reaccionamos ante lo que escuchamos en relación con lo que hayamos escuchado anteriormente. La música nos ayuda a recordar y a la vez nos hace crear expectativas.

En este sentido son varios los estudios y actividades que se han realizado para demostrar cómo la música puede mejorar e incluso suprimir en alguna medida algunos trastornos neuronales. Asociaciones como Las Voces de la Memoria de Valencia, que contó con la colaboración del grupo musical Seguridad Social para mejorar las capacidades de pacientes de Alzheimer, se dedican a usar la música como terapia para personas con problemas de memoria.

El tempo de la música clásica hace que nuestro cerebro funcione mejor pero no es el único tipo de música que tiene un efecto positivo. Se ha demostrado que somos capaces de relacionar sensaciones a determinado tipo de sonidos; asociamos canciones a emociones universales y también a memorias concretas, y podemos evocarlas o provocarlas a través de ellas. Un ejemplo es el experimento de Pokerstars, una sala de póker online, que pidió a algunos de sus jugadores profesionales que hablasen sobre su música favorita. Muchos señalaban a la clásica para relajarse, mantener la concentración y generar pensamientos positivos, pero también hablaban de otros tipos de música según el estado de ánimo que quisiesen alcanzar. El brasileño André Akkari, por ejemplo, se decantaba por la samba, música familiar que le daba seguridad; otros, como el singapurense Bryan Huang, optaban por el rock e incluso el heavy metal como una manera de darse ánimos o prepararse para un juego más agresivo en las mesas.

No sólo el tipo de música sino incluso cómo la escuchemos tiene influencia en el comportamiento de nuestro cerebro. Estudiosos de la Universidad de Oxford centraron un artículo de investigación en el volumen del sonido y llegaron a la conclusión de que cierto grado de “ruido” mejoraba nuestro rendimiento y creatividad. El hecho de tener que esforzarse y superar cierta dificultad a la hora de concentrarse, exigía más a nuestro cerebro y obteníamos mejores resultados. Sin embargo, demasiado ruido, como música a un volumen muy alto, limita nuestra capacidad, hace que seamos capaces de procesar menos información y por lo tanto disminuye nuestra creatividad.

La música está relacionada con la memoria, las emociones, los estados de ánimo y nuestra capacidad creativa, y también guarda una relación muy estrecha con el lenguaje. Los bebés reaccionan antes a estímulos musicales que a mensajes lingüísticos, tanto la música como el lenguaje afectan al lado derecho e izquierdo del cerebro, y ambos están ligados a procesos de aprendizaje. A veces se podría pensar incluso que uno es la evolución o el sustituto del otro. Se observa a menudo en personas con autismo o parálisis cerebral quienes, pese a tener dificultades con el lenguaje, tienen una gran habilidad para expresarse a través de instrumentos musicales.

La música lleva a lugares de nuestro cerebro que escapan al lenguaje, o dicho de otra forma, tal y como justificaba el actor Gene Kelly el género del cine musical: la música sirve para expresar lo que las palabras no pueden.