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Feminismo desde los municipios

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Llegan los comicios y con ellos el dulce aroma de programas y proclamas, buenas intenciones en pos de medidas con las que atender a los más desfavorecidos, renovación de las cuestiones de género según las últimas tendencias, etc. Tras el paso de las elecciones, el fresco olor inicial comienza a transformarse en un sospechoso tufo a olvido.


Pero no hemos desistido en esta lid transtemporal que es la cuestión feminista y por supuesto no lo vamos a hacer ahora. Somos conscientes de que más que nunca la mujer ha de jugar un papel determinante en su realidad. Si nos hemos dotado de una herramienta como la democracia para hacer política, necesitamos hacerla verdad mediante el soporte de la coherencia y la ética. Hacemos política con nuestras opciones de vida personal y dentro de las posibilidades que nos permiten la política internacional, estatal, autonómica y municipal. A un gobierno municipal debe pedírsele que sitúe su gestión y planificación desde un enfoque feminista y que sea consecuente y coherente con ello.

Un gobierno consecuente ha de dotarse de un Plan de Igualdad vivo. Vivo en el sentido de funcional, lo cual supone, de entrada, dotarlo de una partida presupuestaria propia. Un Plan de Igualdad que se imbrique en todo el funcionamiento de los órganos del ayuntamiento. Un Plan de Igualdad que se retroalimente de continuo en su efectividad y no se vea allanado por otras cuestiones o motivos. Cuestiones que, sea el que sea su grado de relevancia, siempre han resultado ser prioritarias frente a cualquier programa relacionado con la mujer. Con sospechosa y conocida celeridad llegan ajustes presupuestarios y arrebatos ideológicos que se ceban con especial virulencia en todos aquellos aspectos que afectan al colectivo femenino en pos de intentar controlar a la mitad de la población con prácticas harto conocidas: el sometimiento y la negación de su idiosincrasia y necesidades.

Un ayuntamiento coherente debe dejar de ignorar que el diseño de la ciudad afecta de modo distinto a mujeres y hombres. Es un hecho que la principal labor de cuidados, de pequeños y mayores, la realiza la mujer. El municipio debe acompañar y velar por esta labor mediante una red de guarderías diseñadas, distribuidas y gestionadas de modo estratégico. El envejecimiento de la población es un hecho acuciante que debe tratarse en la misma línea mediante una oferta de ocio apropiado y a través de la integración en el tejidos social, cultural y participativo de los mayores en su entorno. Es fundamental recuperar y revalorizar el aporte que supone este grupo de edad en el municipio mediante propuestas ajustadas de envejecimiento activo. A destacar también las necesidades que puedan tener un colectivo cada vez más numeroso en nuestro entorno como es el de la mujer inmigrante. Presentan necesidades diferenciales a ser atendidas y para lo cual es necesario contar, entre otras propuestas, con un servicio de traducción así como figuras de mediación cultural. En el ámbito de los servicios sociales un municipio feminista debe pasar del enfoque paliativo al enfoque preventivo. Entre otras cuestiones supone que pesar de no ser aparentemente parte de su competencia, un municipio con voluntad feminista juega un importante papel tanto en la prevención como en la asistencia a las mujeres víctima de violencia de género. Estaríamos hablando, por ejemplo, de casas que el municipio puede destinar como residencia de acogida o a alquiler social para mujeres víctimas de maltrato que lo puedan necesitar

El diseño del espacio urbano determina el modo en el que nos movemos en él. Una ciudad diseñada en base a criterios feministas es sensible y busca evitar espacios de inseguridad y peligro. Promueve un diseño de calles en el que se da protagonismo a las personas frente a vehículos. Asegura una ciudad amable con espacios diversos en los que compartir, en los que pasear con tranquilidad y seguridad. Un municipio feminista pregunta a sus vecinas y vecinos qué modelo de ciudad quieren, cómo les gustaría que fuera su entorno y es permeable a sus propuestas de solución. Un gobierno municipal con criterio feminista establece una serie de normas de construcción que favorece la relación con el exterior, el establecimiento de relaciones de vecindad sin por ello perder la siempre necesaria privacidad.

Una gestión municipal feminista establece criterios de justicia social en el momento de considerar aquellas empresas con las que va a establecer relaciones económicas. Dentro de los criterios a exigir a las empresas a las que otorgar contratas podríamos mencionar el hecho de pagar un salario justo a las trabajadoras/es, el hecho de utilizar técnicas y materiales sostenibles y no perjudiciales o poseer y aplicar medidas de conciliación de la vida familiar y laboral.

Para el hogar común que es la ciudad deseamos lo mismo que para el hogar propio, sentirnos cómodos, acogidos, seguros y sanos. Deseamos un Ayuntamiento de Almería gestionado con un enfoque feminista para lograr un entorno amable, sostenible y que sitúe a las personas y sus necesidades en el centro. Como diría Starck, “la ciudad no es una suma de piedras, sino una suma de individuos”.