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El luthier de la Alpujarra

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Es curioso descubrir que la "mala conciencia" es lo que ha acabado convirtiendo a un carpintero de la Alpujarra aficionado a la música tradicional, en un prestigioso luthier. Es el caso Sergio Valverde, afincado en Mecina Bombarón, un pueblo pequeño y escarpado, oculto entre altos y gruesos árboles, verdes por las fecundas aguas subterráneas de la Sierra Nevada.

En el taller de Sergio huele a cola y a madera noble que, cuenta, trae desde Valencia, donde existe una de las dos fábricas espacializadas en toda España. Podría solicitarla por internet, pero va personalmente "para tocarla", y es que si de algo entiende es de maderas, porque él, en realidad, comenzó siendo carpintero.

La "mala conciencia" era la que sentía al dedicarle a la música -su gran pasión- más tiempo del que debía, e incluso más del que podía, y mientras, la carpintería, el auténtico pan suyo de cada día, no recibía la atención necesaria. Así que "una cosa llevó a la otra" y dejó de aburrirse haciendo aparadores, para volcarse en la construcción de instrumentos musicales.

Pero el primer problema con el que se encontró fue la falta de maestros en este oficio, porque hay pocos, y los que quedan, prefieren guardar sus secretos en familia, aunque claro, siempre hay alguno... aunque sea inglés... Tuvo que trasladarse hasta La Herradura, en la costa granadina, donde Stephen Hill enseña -hasta donde puede- a sacar música de la madera. Otro jóven, Oscar, y él mismo, han sido los primeros aprendices no extrajeros de este inglés que es toda una leyenda en el mundillo.

Otra leyenda es Sixto Moreno, componente de la reconocidísima agrupación Lombarda, pioneros e impulsores de la difusión de la llamada música tradicional. Con él, Sergio ha aprendido mucho de lo que sabe de los sonidos que hace muchos años -pero no tantos como algunos piensan- llenaban las verbenas populares, los casorios y otras fiestas.

Con Sixto Moreno ha logrado que los instrumentos que crea, laudes, bandurrias y guitarras, afinen un sonido con identidad propia, hasta el punto de que en ese peregrinar que hace de pueblo en pueblo por la Alpujarra, de agrupación musical en agrupación musical enseñando, y de viejo en vieja aprendiendo, son las obras de Sergio las que aconseja comprar por su calidad.

Sus trabajos son pura artesanía firmada. En concreto, su marca es la estrella tartésica de ocho puntas, las que asumieron los andalusíes y que hoy podemos ver con la misma proliferanción en mezquitas como en iglesias. Es la estrella de ocho puntas la que aparece en la roseta de la boca de la guitarra, pero también bajo las cuerdas del laud. Una apuesta por la estética "que es muy valorada por los músicos, que quieren algo único no sólo por el sonido, si en el propio instrumento".

El precio de sus trabajos va desde los 900 euros aproximadamente del laud y la bandurria hasta los 1.500 euros de la guitarra, y eso hay que ponerlo en consonancia con el tiempo que supone construir cada uno de ellos. Son más de cien horas de trabajo en los dos primeros casos, o dicho de otro modo, dos semanas y media aproximadamente cada instrumento; y un mes en el caso de la guitarra.

Como vivimos en Andalucía, hay que preguntar por las ayudas y subvenciones de las administraciones públicas. Nada. Ni un céntimo. Todo a pulmón. Dice que cuando era carpintero solicitó alguna, pero se acabó hartando de tanto papeleo y tanta burocracia, tanta traba, tanta promesa, asi que en este nueva etapa laboral ha decidido olvidarse de ellas y centrarse en el trabajo.

Pero sin en las administraciones reconoce que "he perdido la esperanza" donde la tiene puesta es en el resurgir de la música tradicional, que vuelve con fuerza por toda la Alpujarra, donde las agrupaciones están animándose a redescubrir los viejos sonidos que nunca han dejado de estar ahí.
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