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El mejor alcalde de Almería

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Hoy estas líneas tienen un sabor agridulce. Esta semana decía adiós a la vida municipal el mejor alcalde que ha tenido Almería, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, después de veinticuatro años ligado, de una u otra manera al Ayuntamiento, los últimos doce al frente de una ciudad que ha transformado de arriba a abajo. Parafraseando a Alfonso Guerra, y sin que sirva de precedente, diría que Luis Rogelio ha dejado Almería “que no la conoce ni la madre que la parió”, aunque a algunos les duela reconocerlo.
En cierta forma me siendo huérfano porque Luis Rogelio ha sido como un padre político para mí. El fue quien me dio la oportunidad, primero, de conocer el Ayuntamiento por dentro y, desde el año 2011, de ser concejal, un privilegio para quienes entendemos la política desde el municipalismo por el que siempre le estaré agradecido.
De Luis Rogelio he aprendido que la política local no entiende de colores sino de personas, que arreglar una calle, una farola o construir un equipamiento deportivo no es ni de derechas ni de izquierdas, es de sentido común; que la paciencia es una virtud o que en política se llega mucho más lejos dialogando que a golpe de ordeno y mando.
El principio de “una persona, un cargo” que quiere implantar el presidente regional del Partido Popular, Juanma Moreno, ha acelerado su marcha al Senado para, como él mismo afirmó en su despedida, “dejar que los ciclos naturales impongan su propio ritmo y que el servicio público se actualice con nuevas fórmulas y modelos”.
Almería es una gran ciudad que mira hacia el futuro con ilusión y el Ayuntamiento abre así una etapa de la mano de un nuevo protagonista, Ramón Fernández-Pacheco, que representa a una nueva generación de políticos que impondrá su propio sello, pero, estoy convencido, mantendrá la filosofía que nos enseñó Luis Rogelio: servir a los almerienses, a todos los almerienses, porque cuando uno gobierna lo debe hacer para todos, nos hayan votado o no.