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La violencia machista no es una lacra

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El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1999. La propuesta para que se celebrara en esa fecha la realizó la República Dominicana y contó con el apoyo de 80 países. Curioso dato, que muestra que los países del cono sur también son capaces de hacer planteamientos progresistas en materia de derechos sociales a la ONU.

Durante esta semana escucharemos declaraciones provenientes de cargos públicos de distintas fuerzas políticas en las que repiten una y otra vez que la violencia de género es una lacra social, declaraciones que suelen finalizar con ¡Hay que acabar con esta lacra social! Lacra social. Cada vez que escucho el termino me invade una mezcla de tristeza e indignación: Tristeza porque consignas repetitivas como esta se convierten en lugares comunes que, lejos de sensibilizar, normalizan. Indignación porque la violencia machista está muy lejos de ser una lacra social ¿Qué es una lacra social entonces?

Recurrí al diccionario de la RAE para confirmar mis sospechas sobre el término y en su segunda acepción dice que es un vicio físico o moral que marca a quien lo tiene, en este caso a la sociedad. Así, podríamos denominar como lacra social vicios de la sociedad como la pérdida de valores de respeto a las personas mayores, el deterioro del tejido social o la indiferencia ante los problemas de los demás.

El vicio físico o moral de asesinar mujeres ha acabado con la vida de 112 en España en 2015 y 92 en lo que va de año (aunque mucho me temo que en el transcurso de la publicación de este artículo sean más). En Andalucía 22 el año pasado y 16 este año, de las cuales eran almerienses dos y una respectivamente. Llamar a esta sangría lacra social es un eufemismo insoportable, como lo es llamar violencia de género a la violencia machista, porque el género no determina la conducta violenta, sino el machismo. Y el machismo no surge por generación espontánea: un individuo que se cree en el derecho de sellar con pegamento los genitales de su pareja es un individuo que concibe a las mujeres como objetos de su propiedad, que ha recibido una educación basada en estereotipos como la supuesta necesidad que tenemos las mujeres de ser tuteladas, de ser orientadas, de ser, en definitiva, dominadas.

Me gustaría, por lo tanto, que días como el 25 de noviembre sirvan al menos para llamar a las cosas por su nombre: la violencia machista, machista, no es una lacra social, es un drama, es una vergüenza, una indignidad y un problema de estado síntoma de una sociedad cuyo marco cultural es un modelo de relaciones patriarcales que legitima que un chico de 14 años decida si su novia puede ir al cine sin él o no, que no provoca el más mínimo escándalo ante la existencia de grupos de whatsap para comentar violaciones vía burundanga y que asiste impasible al recorte sistemático en inversión para políticas públicas de igualdad. La violencia machista no es una lacra social, no es un vicio ni físico ni moral. La violencia machista mata, y es que las mujeres no morimos a manos de nadie, a las mujeres nos matan las manos de alguien. Tengamos la valentía y el coraje de no usar eufemismos ante esta epidemia de violencia, por respeto a las víctimas y por nuestra propia dignidad.