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La muerte violenta de dos niñas no conmueve a los racistas

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Sucedió en el Reino Unido. Fue en la Nochevieja pasada. Dos niñas gitanas de la República Checa, residentes en Gran Bretaña, caminaban tranquilamente por la calle y fueron atropelladas por un camión. El conductor huyó sin prestarles auxilio. Una de las niñas murió en el acto y la otra lo hizo un poco más tarde como consecuencia de las heridas que sufrió.

La noticia fue recogida por la mayoría de los periódicos checos. Y como tal la leyó Renata Kováčová que es una mujer gitana que vive en su país. Los periódicos difundieron las imágenes de las niñas: Helina Kotlarova, de 12 años, murió en el asfalto de Ashton Road, y su prima, Zaneta Krokova, de 11 años, murió en el hospital. La policía de Grater Manchester ha actuado con eficacia y ha detenido a los cuatro hombres que ocupaban el vehículo.


Las niñas habían salido a comprar comida y caminaban cogidas de la mano. Pertenecían a una familia numerosa. Una de ellas tenía siete hermanos y residían en el Reino Unido desde hacía ocho años. La muerte de las niñas ha conmocionado a sus conocidos y compañeros de la Academia Oasis en Oldham y la mayoría de ellos han depositado flores y velas encendidas en el lugar del accidente. Así lo ha recogido la BBC donde Michael Greaves, monitor de la Academia, ha manifestado que estas muertes han golpeado muy duramente a todos los compañeros escolares de las jóvenes.

Hasta aquí, desgraciadamente, la noticia tiene muy poco de novedosa. Esto sucede con demasiada frecuencia en todos los países del mundo. Conductores distraídos o alterados por el consumo de drogas o de alcohol que atropellan a peatones y se dan a la fuga sin prestar ayuda a sus víctimas.


Lo sorprendente han sido los comentarios racistas aparecidos en algún medio de la República Checa.

Renata Kováčová, como digo, es una mujer gitana nacida y criada en Chequia, perfectamente integrada en la sociedad de su país, así como su padre que lleva más de 30 años ocupado en el mismo trabajo. Ella ha manifestado que no solamente trabaja su padre, sino que también lo hace su madre, su hermano y la mayoría de sus amigos. “Y todos ―enfatiza― somos gitanos”. Pero se conmocionó cuando leyó los comentarios ofensivos y criminales de muchos ciudadanos checos que parecían alegrarse de la muerte de las niñas. Confiesa que no se esperaba que el odio pudiera alcanzar tales grados de ceguera como para escribir las cosas terribles que leyó en el servidor de noticias TN.cz de su país. Tan terribles eran los comentarios que la propia dirección de la agencia emitió un comunicado reclamando el respeto por las víctimas que no debían ser juzgadas por el color de su piel puesto que también ellas eran ciudadanas checas. Seguidamente procedió a borrar de internet las ofensas y a bloquear a los autores de las mismas.

Renata Kováčová ha hecho algunas declaraciones manifestando que “La capacidad de compasión está en la base misma de la humanidad y dudo de que algunos de los que han publicado sus opiniones en internet puedan ser considerados seres humanos. No sabía ―añadió la joven gitana― si estaba despierta o en un mal sueño mientras leía aquellos terribles comentarios.”



La eficacia del gas asesino con que se inundaban las cámaras, fue experimentada en primer lugar con los gitanos.


Ayer participé en el Acto Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de Crímenes contra la Humanidad que se celebró en el Salón de Plenos del Senado. Como en años anteriores el recuerdo de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, nos brindó la oportunidad de recordar a los millones de seres humanos que fueron víctimas del odio racista y del desprecio por la vida humana con que los nazis condenaron a tantos inocentes. Yo hice mi intervención poniendo de manifiesto algunos hechos, tristemente desconocidos, del tratamiento criminal y asesino que los gitanos recibimos en aquellos lugares de extermino. Por ejemplo, que, en 1940, 250 niños gitanos fueron ejecutados en el campo de Buchenwald para comprobar la eficacia del gas ZIKLON-B que más tarde se utilizó en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkennau. Esto convirtió a aquellos niños en pioneros del genocidio nazi. De la misma manera que en el campo de exterminio de Chelmno, en Polonia, fueron llevados a la cámara de gas 1.000 gitanos y gitanas. Esto sucedió en 1941, ocho meses antes de que los nazis empezaran a matar de forma masiva en las cámaras de gas a los judíos.




Hay que poner freno a la propagación del odio racista que se difunde en las redes sociales.

Todos los intervinientes estuvieron a la altura. Sus discursos fueron comprometidos y abiertamente solidarios con las víctimas. Cosa que los gitanos agradecemos muy sinceramente. Pero yo quise en mi intervención en el Senado destacar el papel determinante que tienen los medios de comunicación a la hora de difundir noticias donde, en contextos peyorativos, se hace mención a la raza, al color de la piel, al origen cultural o a las costumbres y tradiciones de quienes son señalados por los medios como autores de cualquier acto delictivo. Las consecuencias son ampliamente conocidas: para una parte de la sociedad TODOS los gitanos somos delincuentes desde que nacemos.

¡Cuánto daño estamos recibiendo de informadores insensatos que no respetan la voluntad expresada en la mayoría de los códigos deontológicos de sus medios de comunicación!. Por esa razón nuestra campaña anual de “Periodistas contra el Racismo” se constituye como el proyecto mejor valorado mediante el cual podemos luchar con mejores armas contra los comunicadores racistas, que también los hay.

Sin embargo, a pesar de la fuerza que siguen teniendo la prensa escrita, la radio y la televisión, son las redes sociales las que más daño nos están haciendo habida cuenta de la permisividad y hasta la impunidad con que actúan los instigadores del odio.

Renata Kováčová, joven gitana checa, no se podía creer lo que leía en las redes. ¿Cómo es posible tanta maldad ―se decía― al arrojar sobre nuestro pueblo semejantes estigmas de ser los autores de crímenes y delitos incalculables?

Lo que Renata tal vez no sepa es que esos comportamientos se están dando no solo en Chequia sino en muchos países del mundo llamémosle civilizado, que ya es decir. Tengo en mi poder varios centenares de comentarios aparecidos en los medios y fundamentalmente en las redes sociales. No he tenido que buscar ni un segundo para encontrarme, nada más abrir un archivo con estos comentarios publicados en Salamanca:


“(…) en el hospital ¿cómo se comportan?, como lo decimos los salmantinos ¡¡¡¡ como bestias se comportan¡¡¡ (…) son contaditos los que no venden droga, pero encima amenazan e intentan pisarnos a los payos (…) los gitanos son una lacra. Los gitanos arruinan el país ¡¡¡uniros vecinos contra esta calaña¡¡”


Y otro de la misma ciudad:


“(…) ahora resulta que son los ciudadanos los "racistas," cuando ellos saben muy bien que con un gitano no se puede vivir ni a dos metros. Lo que pasa en el Clínico es una verdadera vergüenza, eso no lo harían en Alemania o EE.UU. La mierda estalla. Eso lo sabe todo dios. Pero en la Salamanca cosmopolita y culta hay miedo. Estos gitanos en Rumania o en Ucrania serian tratados poco menos que como las bestias, (por eso emigran aquí a España), aquí no tienen por qué quejarse. Son los dueños de la ciudad.”

Es solo una muestra. Tengo infinidad de ellas. Algunas pidiendo abiertamente que se nos mate porque ninguno merecemos vivir. Ayer dije en el Senado que había oído decir a personas bien formadas y con experiencia que lo que está pasando en esta parte del mundo recuerda los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. Después de la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos hay quien se frota las manos pensando en un posible triunfo fe Le Pen en Francia. Sin olvidar la amenaza que supone el auge de los partidos de extrema derecha que crecen de forma alarmante en Holanda, en Grecia, en Austria (la tierra donde nació Hitler) y de nuevo en Alemania.

Dos niñas gitanas de 12 y 11 años murieron atropelladas por un camión cuyo conductor se dio a la fuga, y la noticia en la República Checa mereció que algunos desalmados publicaran con la cobardía del anonimato, que “¡qué bien!. ¡Lástima que solo fueran dos!”

Ayer quise terminar mi discurso en el Senado con las doloridas palabras de Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.