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Recuperar el corazón de la ciudad

La Plaza Vieja debería ser el principal centro neurálgico de la actividad administrativa, comercial y turística de la ciudad. Y lo digo en condicional porque por diversas circunstancias que, haciendo uso del refranero español, no vienen al caso porque agua pasada no mueve molino, las obras de rehabilitación han sufrido un considerable retraso.

Ahora, subsanados los últimos tropiezos administrativos a requerimiento de la Junta de Andalucía, que han pasado por la modificación del proyecto, redactado por un arquitecto sevillano, contratado en su día por la propia Junta (ironías de la vida), el Ayuntamiento ha tomado las riendas y se han reiniciado las obras de rehabilitación de la Casa Consistorial, que ya no van a parar.

El alcalde, Ramón Fernández-Pacheco, supervisó la pasada semana el reinicio de los trabajos, interesándose por su desarrollo y cronograma, que para esta segunda fase debe concluir a finales de año. Retomadas las obras, la gran noticia es que, como digo, será el Ayuntamiento el encargado de terminar la fase actual, que contempla la rehabilitación estructural y la totalidad de las fachadas de la edificación, y de licitar el proyecto para concluir la actuación completa: el interior del edificio municipal y la urbanización de la Plaza, como obra emblemática de este proyecto.

El objetivo es que cuanto antes los almerienses disfrutemos de lo que nunca debimos dejar de disfrutar: un espacio que se convierta en una auténtica plaza mayor, como las que ya existen en otras muchas ciudades, y que la Plaza Vieja no sea solo el corazón administrativo de la ciudad, que ya lo es, aunque a medio gas, si no también el corazón social, cultural y turístico de la capital.

La fase final de esta gran obra contempla la urbanización de la propia plaza, donde, según el proyecto inicial, contratado, insisto, por la Junta, no se incluía la permanencia del monumento a Los Coloraos. Espero que el popular Pingurucho no suponga ahora un elemento de controversia para los amantes de la polémica permanente sobre si debe quedarse o no donde está y consigamos con ello seguir retrasando lo que de verdad interesa: que la Plaza Vieja se convierta de nuevo, y de una vez, en eje principal de dinamización y revulsivo económico y de ocio del Casco Histórico.