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Plurinacionalidad: Iglesias, Sánchez y Díaz

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Si a Pedro Sánchez se le quedó cara de póker cuando Paxi López le preguntó en el debate de Primarias qué era una nación, Pablo Iglesias es que ni se atrevió a rozar una respuesta a la pregunta del portavoz socialistas de su moción de “tortura”, José Luis Ábalos, cuando pidió que le explicara que era para él España.

Ábalos hizo una serie de preguntas de lo más oportunas, y que demostraban que el asunto del derecho a decidir y lo de la plurinacionalidad, no es algo tan sencillo como los de Podemos quieren hacer ver, y que encorsetar los sentimientos en una ley es complejo. La cuestión es que tampoco hemos oído a Pedro Sánchez responder sobre eso.

Y es que hablar de que “España es una nación de naciones” es también un tanto arriesgado cuando con ello se pretende reconocer el derecho del pueblo catalán a decidir su forma de relación con el resto de naciones que componen el Estado español. La pregunta en este caso sería por qué los catalanes pueden decidir su forma de relación con el resto, y el resto no puede decidir cómo relacionarse con ellos, por qué se les debería reconocer el derecho a un referéndum para que decidan si la nación catalana puede abandonar la nación española, y la nación española no puede decidir si la nación catalana puede o no irse.

Cuando se apoya que Cataluña haga un referéndum para independizarse de España ¿se entiende entonces que todo el resto del territorio es la nación española? ¿y qué piensan de eso por ejemplo los vascos? Es más, si ese derecho se aplica a otros territorios que lo soliciten ¿qué sería la España que con tanto ardor dice defender el patriota Iglesias?

Ábalos preguntaba a Iglesias –pero también estamos esperando que responda Pedro Sánchez- si para él España sólo era, tal vez, un “estado”, en el sentido administrativo del término.

Sí, hablar de plurinacionalidad o de nación de naciones es más sencillo que evidenciarlo legalmente, y eso sin meternos en líos constitucionales, eso yendo de buen rollito. Eso, sin meternos en la cuestión de la soberanía, de si es única para toda España, si es compartida entre la nación española y las naciones que la componen, o si una de las dos es prioritaria o subordinada a la otra, con lo que la soberanía es relativa.

De la misma manera, tampoco ninguno –ni Pedro ni Pablo- se han mojado respondiendo a la pregunta de cuantas naciones componen España –más allá de que manifiesten o no sus deseos de independencia- lo cual tampoco es ninguna tontería de cara al futuro, cuando tal vez el calificativo “nación” suponga un rango competencial diferente y superior entre unos territorios y otros.

Andalucía, en un Estatuto aprobado por el PSOE-A, por Izquierda Unida, y por el Partido Popular, la reconocen como una “realidad nacional” y como una “nacionalidad histórica”. Cuando llegue el momento, habrá que ver si quien presida Andalucía es capaz de hacerlo valer, porque fuimos los únicos que tuvimos que ganar en las urnas lo que a otros se les regaló.

La pregunta por tanto es si Susana Díaz usará Andalucía como bastión del más rancio españolismo para contraponerlo a la plurinacionalidad de Pedro Sánchez, o por el contrario peleará por colocarnos en el lugar que nos corresponde por derecho propio en la futura reorganización territorial del Estado.