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Quien quiera entender, que entienda

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Pues no, no lo entiendo. No entiendo que haya aún quien no entienda, que quien quiera entender, que entienda.

No, no entiendo que sea tan importante si a uno le gusta la carne, el pescado o la verdura, o si le gusta todo, o si no le gusta nada, si es vegano, vegetariano, ovolactovegetariano, o si no prueba los mamíferos con pezuña partida.

No entiendo que se condene el amor, no entiendo que se condenen los gestos, no entiendo que se condene la imagen, no entiendo que haya que esconder los sentimientos, ni entiendo las burlas, las guasas, las bromitas, y menos cuando las hace una progresía de chiste fácil amparada en su reconocimiento.

No entiendo a los machorros que usan el término maricón para acusar de cobardía, cuando ellos nunca tuvieron que armarse de tanto valor como se necesita para dar un beso a la persona que se quiere, haciendo de algo tan sencillo y cotidiano para tantos, un acto heroico.

No entiendo qué importancia tiene con quien se encama cada cual, ni por qué es obligatorio que te guste una bandera por la única razón de ser la del país en que te alumbraron.

Y sinceramente, no entiendo el infierno por el que puede pasar una persona atrapada en un cuerpo que no reconoce, en un cuerpo en el que se siente preso, ajeno y extranjero. No entiendo como sobrellevan esas situaciones los padres, obligados a poner más amor que nadie para dar respuestas a preguntas para las que ellos no las tienen.

No entiendo que haya que sentirse orgulloso de ser homosexual, como tampoco de ser heterosexual, ni bisexual, ni intersexual, ni transexual… pero entiendo que no es ese el sentido del Día del Orgullo LGTBI, sino el del orgullo de haber sido capaces de lograr una auténtica revolución social sin más armas que el amor.

(Sé que el final me ha quedado un poco cursi, pero qué quieren… es lo que pienso, y el que quiera entender, que entienda)