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Andalucía, una República para liderar el Mediterráneo

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Andalucía lleva, en manos del centralismo, demasiados siglos empobrecida, humillada, y despojada de toda capacidad por sí misma. Una Andalucía insignificante en la geoestratégica política y económica, a pesar de su verdadero peso como puerta del Mediterráneo. Una situación colonial inducida desde Madrid, y ahora, mantenida por el socialismo español. Andalucía es para España, lo que Gibraltar para Inglaterra: colonias. Con la única diferencia que mientras Gibraltar se hace rica, Andalucía no.

Si hay un territorio, una nación en Europa con capacidad propia a todos los niveles, es, sin duda alguna, Andalucía. No voy a recordar las capacidades, hoy sesgadas y neutralizadas por intereses de otros territorios, de nuestra desmantelada capacidad industrial y minera; el capado crecimiento en el campo de las energías limpias y renovables; el ridículo rendimiento de nuestras tierras en manos de unos cuantos privilegiados por derecho de sangre; el sector pesquero barrido de los puertos y lonjas, y de ese modo, una por una, las capacidades económicas andaluza.

Pero no es sólo en estos sectores donde el peso de Andalucía, permanece reducida hasta mínimos de indignidad y vergüenza. La capacidad, el peso de nuestra nación es, sin duda alguna, reconocida, valorada y puesta en valor por todos, menos por el actual Gobierno andaluz en manos del PSOE. Es de tan reconocido valor estratégico que, es el verdadero motivo de la actual situación colonial de Andalucía y los andaluces.

En la actualidad el mayor peso de la defensa europea y de la OTAN la soportan las bases andaluzas de Morón y Rota, donde se concentra el grueso de las fuerzas aeronavales españolas y norteamericanas, que, junto a la utilización Gibraltar por la Royal Navy y sus submarinos nucleares, ya famosos por sus continuas averías, dominan el vital paso del estrecho. Quien controla el estrecho, controla el mediterráneo. Andalucía, en manos de Madrid, permanece al margen, silenciada y sin derecho a nada. Solo a alquilar las casas y poner copas a los militares.

Hay más aún. Las relaciones con nuestros vecinos naturales, que, en muchos casos, más que vecinos son parte de la propia Andalucía, son, del mismo modo, utilizadas, de forma exclusiva, en y por los intereses españoles y americanos, incluso marroquíes a espaldas de los legítimos intereses andaluces y del Magreb.

Cuando defendemos la inaplazable República independiente de Andalucía, no es de modo gratuito, infantil o un juego, sino una verdadera necesidad para el presente y futuro de los andaluces de hoy y de mañana.

Una Andalucía libre de sus destinos, libre para recuperar sus capacidades, no solo pondría en marcha la recuperación de nuestra economía, industrias, agricultura, energías y todo nuestro tejido comercial, recuperar el control de nuestros puertos y aeropuertos, banca, hacienda y un largo etcétera, sino que recuperaríamos el control sobre nuestro propio territorio, nuestra nación, y con ella el valor de nuestra situación geoestratégica.

Poner en valor nuestra verdadera importancia estratégica para que Andalucía tenga el control sobre nuestro entorno, depende de la utilización de nuestras bases en el bien de Andalucía, sus intereses y de nuestra área de influencia y no en la de otros. Tomar la iniciativa en las relaciones con el Rif, el Sahara Occidental, Argelia, Libia y Túnez, incrementar la cooperación con la Europa Mediterránea hasta el propio Mar Negro, y la puesta en marcha, de una vez por todas, del foro económico, político y social del Mediterráneo, deben ser el eje fundamental para el pleno desarrollo de Andalucía desde el liderazgo que es capaz.

Pero todo ello no es posible, no será posible, sin una República independiente, con un Gobierno independiente y soberano. Un Gobierno capaz de negociar, de forma directa, con la Unión Europea todo aquello que le es de interés en todos los aspectos, de forma especial en las infraestructuras como los vitales y paralizados, como el corredor del mediterráneo, o la comunicación castellano aragonesa de Canfranc, entre otros.

Una República con capacidad de decidir por sí misma en interés de Andalucía, sacar a los andaluces del pozo colonial, y poner a nuestra tierra en colaboración con, en el lugar que le corresponde como verdadero contrapeso al todopoderoso norte, como base de prosperidad de Andalucía y su enorme área de influencia estratégica, política, social, cultural y económica. Sea pues la República por una Andalucía libre, los pueblos y la humanidad.