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Argán, el Padre de todos

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(Dedico este artículo al andalusí Muhammed Feria García, malagueño de El Chorro recientemente fallecido, pionero del cultivo del Argán en Europa; a su hijos y sucesores Soraya e Ismael, a quienes enseñó sus secretos, y a su noble esposa Habiba).




Nuestra cultura del olivo, monocultivo generalizado desde el antiguo Imperio Romano, tiene un origen no autóctono. Aunque el acebuche se dé en el entorno mediterráneo, tal vez su domesticación a gran escala se iniciase en el Creciente Fértil. Los antiguos egipcios importaban su aceite de los sirios y los cananeos.


La mayor parte de las plantas existentes en Andalucía son endemismos ibero-africanos. Sorprende encontrar en uadis o ramblas, en zonas desérticas magrebíes y argelinas, vestigios relictos de bosques mediterráneos. Y es posible que existiese un consumo habitual de el aceite de Argán, produciéndose de plantaciones aquí sembradas, con anterioridad a la invasión de las legiones romanas. El nombre del mítico rey de Tartessos, Argantonio, podría derivarse del árbol sagrado de los bereberes, el Argan, y no de 'argentum' o plata. Los apelativos a sus reyes se los dan los propios indígenas, no están al servicio de economías extractivas colonizadoras extranjeras. El hecho constatado por la experiencia es que en el Mediterráneo y el Atlántico andalusí puede aclimatarse la especie sin problema.


Los 'amasighen' o bereberes, nuestro Pueblo ancestral existente entre ambas orillas del mediterráneo, se refieren a la Argania Spinosa o Argán como 'el Padre de todos'. Donde recientemente se ha descubierto que nació el Homo Sapiens, en el área noroccidental magrebí -antaño casi todo el Gran Desierto era una sabana- puede contemplarse un espectáculo de la naturaleza sobrecogedor: miles de hectáreas silvestres de arganes. ¿Evocan al espíritu sensible los horizontes de un ecosistema de la Bética ahora perdido, donde la luz de la inteligencia de los hombres por vez primera eclosionó...?


No olvidemos que 'cultura' procede en su significado etimológico más profundo de 'cultivar'. Un imperio como el el romano, para subordinar a sus colonias necesita domesticarlas a su antojo, hacerlas dependientes, 'desculturizarlas' (como aún hoy sus impresentables imitadores de la partidocracia rojigualda siguen haciendo). Al estudiar en su último hábitat salvaje el Árbol-padre, el Argán, se constata que su aprovechamiento implica a toda la comunidad agroganadera. Las cabras de los pastores comen parte de sus hojas y frutos. Luego los zagales recogen las duras semillas que no han podido rumiar las cabras, para extraer el preciado aceite. Las mujeres lo muelen en molinos de mano artesanales, si bien hoy ya hay cooperativas femeninas con máquinas molturadoras. Todo el Comunal participa. El Argán aglutina a toda la colectividad.


Por ello los romanos es muy probable que erradicasen este cultivo e impusiesen el del olivar, como sucedáneo. Los genocidios les impedirían extraer fácilmente el oleoso oro líquido del Argán. De forma similar Napoleón al no poder producir azúcar natural de caña en Europa debido al bloqueo naval, apostó por el de remolacha de inferior calidad.


Al someter a otros pueblos los imperialistas latinos, después espoleados por el nefasto ideario racista y clasista judeo-cristiano, segregaron a pastores y campesinos, postergaron a las industriosas mujeres. El peligro eterno de la Eva diabolizada ab initio. La enemistad homicida perenne entre el labrador Caín y el pastor de ovejas Abel. Al elevar inducidas discrepancias o rencillas a la categoría de arquetipo irresoluble, someterían a los infelices que creyeron esas patrañas. 'Divide et Impera'.


El problema se esconde, de forma letal, cuando al erradicar una especie de la cadena trófica, con el paso de las generaciones la salud se resiente de forma crónica. Una superficie arbórea, capaz de contener la desertificación, al hacerla desaparecer, en ciclos de sequía prolongados condena a la humanidad existente allí, más tarde o más temprano, a migrar huyendo de un solar yermo, de desolados páramos. Si además consideramos la alarmante plaga actual del llamado 'ébola' del olivo (la bacteria Xylella Fastidiosa), que afecta también a almendros, viñas y cítricos, la importancia de la reintroducción de nuestro ancestral Argán se vuelve una necesidad vital, para contener la erosión y el despoblamiento crecientes.


La recuperación de este cultivo en otros lugares, para garantizar la supervivencia y diversidad genética de la especie, debería interesar no sólo por que un litro de aceite de Argán valga quince veces más que el de oliva virgen extra, sino por sus propiedades extraordinarias para la salud. Y sobre todo, por el cambio climático, beneficia a toda la humanidad.


Gracias, compañero andalusí Feria, por tu inmenso regalo a Al-Andalus para nosotros tu memoria jamás se extinguirá en nuestros corazones.