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Montoro trabaja para la Oposición

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Yo estoy plenamente convencido de que el Ministro de Hacienda, don Cristobal Montoro, es un infiltrado de la oposición en el Partido Popular. Yo no voy a poner en duda el éxito del Gobierno en lo relativo a la recuperación económica de nuestro país y en la batalla contra el paro. Esa es una realidad que, sin duda, se podría haber hecho de forma diferente, pero negar sus beneficios para la sociedad en su conjunto sería tan demagógico como inoperante. Lo que sí afirmo, ―evidentemente desde la limitación de mis escasos conocimientos de economía―, es que el mérito es del presidente del Gobierno a pesar de los conocidos tropiezos y obstáculos que el ministro de economía le pone en el camino.

Y digo que don Cristobal Montoro trabaja a favor de la oposición porque lo que don Mariano Rajoygana, por un lado, el ministro de Hacienda y sus Secretarios de Estado lo dilapidan por otro. Sería muy ilustrador conocer, aunque solo fuera en una aproximación, de donde proceden los votos que ha perdido el Partido Popular desde que dejó la mayoría absoluta hace unos cuantos años. Yo me atrevo a aventurar, ―y algún conocimiento tengo de esta materia por mi larga vida política dedicada a trabajar en la defensa de los derechos de las personas mayormente vulnerables de la sociedad―, que una buena cantidad de votos, decenas de miles, los ha perdido en el campo ubérrimo de las ONG. La inmensa tropa, como diría el Conde de Romanones, de quienes dirigen y trabajan en las ONG de acción social española, han dejado de votar al Partido Popular. Y es una lástima, porque una parte muy significativa de quienes están comprometidos en esta tarea, tienen una concepción de la sociedad muy similar a la que representa el Partido Popular. Pero no les votan, y yo lo sé, por culpa del señor Montoro y sus colaboradores.

Antes de que un buen día a Doña Marta Fernández Currás, que era la Secretaria de Estado de Presupuestos y Gastos, se le ocurriera aplicarnos a quienes integramos el Consejo Estatal de ONG de Acción Social la misma normativa interna que para sus desplazamientos siguen los funcionarios de segundo nivel, podíamos, al menos, realizar nuestro trabajo sin sabernos perseguidos y maltratados.

Y es que para el Sr. Montoro quienes estamos al frente de las ONG de España debemos ser una pléyade de facinerosos que malgastamos el dinero público, si es que no le damos un destino más inconfesable. A veces no podemos evitar la sensación de que somos tratados como delincuentes en potencia. Ejemplos demostrativos de lo que digo, a porrillo. Algunos los he puesto en conocimiento del Ministerio de Hacienda. Ni caso. Es más, ni siquiera la cortesía de una respuesta. Tan solo don Jorge Moragas, director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, me respondió un día, hace algo más de un año, con una atenta carta diciéndome que se ocupaba del asunto. Por lo visto no le han hecho ni p. caso. (Perdón por la grosería. No es mi estilo. Pero tenía necesidad de decirlo)

Y una vez más he de poner de manifiesto que de mi crítica se salva el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad cuyos dirigentes, al menos los que hemos tenido hasta ahora, merecen nuestro respeto y nuestro reconocimiento sincero y democrático. Y de los actuales tenemos la más alta estima y consideración.



El mejor predicador es Fray Ejemplo

Lo que he leído esta mañana en los medios no me lo puedo creer. ¡Que barbaridad! Resulta que los Diputados de nuestro país, en los últimos nueve meses, se han gastado en viajar más de tres millones y medio de euros. Es mucho, pero seguro que son desplazamientos justificados. Nada que objetar. Lo que sin embargo clama al cielo es que se hayan gastado 726.000 euros en concepto de penalizaciones por cambios de billetes o anulaciones de los mismos y que el Sr. Montoro, y la Sra. Pastor, o don Alberto Nadal Belda, que es el Secretario de Estado de Presupuesto y Gasto Público del Ministerio de Hacienda, no hayan dicho ni pio.

Miren ustedes: Yo he sido Diputado en el Congreso y en el Parlamento Europeo durante 23 años continuados. Y he viajado mucho como es natural, con cargo al presupuesto del Congreso. Pero, créanme, me parece que nunca he devuelto ningún billete y siempre he sido muy cuidadoso de utilizar el talonario en la tarifa más barata pero que, al mismo tiempo no llevara aparejada ninguna penalización por cambios de última hora.



La doble vara de medir

Pero lo que me indigna no es eso. Lo que pone de manifiesto la doble vara de medir y la mísera consideración que el Ministerio de Hacienda tiene por las ONG es que, a mí, por ejemplo, que vivo en Barcelona, no me permiten coger el Puente Aéreo cuando he de acudir a Madrid para dirigir la Campaña de la “X Solidaria”, trabajo por el nunca, ni antes ni ahora, he cobrado ni un céntimo.

Me indigna que si he de participar en una reunión en el Ministerio y el día anterior estaba en la universidad de Málaga, no me permitan el traslado desde Málaga a Madrid. Debo ir a Barcelona, donde vivo, y entonces desde allí coger el medio de transporte que el ministerio autorice (nunca el puente aéreo) para acudir a la reunión señalada. Parece increíble, ¿verdad? Pues es así.

Lo que acabo de decir son ejemplos puntuales. Pero mis compañeros, dirigentes de las ONG más importantes de este país se ponen a contar y no paran.

¡Que clase política más torpe! Las ONG representamos un vivero de votos casi inagotable y solo pedimos respeto y consideración por el trabajo que realizamos. En la Web de la Plataforma del Sector podemos leer estos datos: “Hoy en día, la Plataforma está representa a cerca de 30.000 entidades del Tercer Sector, de las que forman parte 645.000 trabajadores y un millón trescientas mil (1.300.000) personas voluntarias”.

Que hay que seguir una política de austeridad del gasto público, ¡por supuesto! Que hay que vigilar para que los recursos de que se dispone se gasten adecuadamente y para lo que han sido destinados, ¡no faltaba más! Que hay que empapelar a los defraudadores y corruptos que entre nosotros puedan existir, ¡A por ellos!

Pero que, a mí, que soy un voluntario, que le dedico infinidad de horas a diseñar y enjaretar la “Campaña de la crucecita del IRPF”, el señor Montoro no me permita coger el puente aéreo, mientras mis antiguos compañeros del Congreso de los Diputados se gastan 726.000 euros en penalizaciones por cambios de billetes, no es de recibo.

Al principio he hecho una pregunta: ¿por dónde se ha ido la riada de votos de la gente sencilla y generosa que un día votó al Partido Popular y hoy se siente maltratada y desconsiderada?