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Banderas de nuestros carcas

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"Lo asombroso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo".

Voltaire




Lo más hermoso de la bandera de Andalucía consiste en que los que la han enarbolado, a lo largo de la historia, no ha sido para imponer imperio alguno a países vecinos, para coaccionar a disidentes declarándolos herejes, para justificar el saqueo o las masacres... por ello la de otros la reverencia el poetastro de cabecera del Exterminador de El Ferrol, el cursi José María Pemán, el que daba hospitalidad a los golpistas del 36 en su cortijo, y desde allí organizaban batidas para fumigar rojos con bendición apostólica.

La polémica estos días pasados de la caprichosa disposición del alcalde de Almería, Ramón Fernández Pacheco, de utilizar los impuestos de todos para regalar pendones españoles, no reviste suma gravedad por si han sido pocas o muchas las banderas, o por si ha dispuesto a su arbitrio del dinero de todos, sino porque manifiesta el posible desprecio que sienten algunos Ayuntamientos presididos por el PP - y no pocos del PSOE - por el Símbolo que representa a todos los andaluces y que por ley debe figurar siempre junto al del Estado...

¿Alguien vio alguna vez al cínico munícipe manifestar algún orgullo por la enseña andaluza, donándola igualmente el 4D o el 28F... o vindicar 'toda' nuestra pentamilenaria Historia lejos de sectarismos, para favorecer un turismo y una cultura internacionales, no sólo de campanario? Qué casualidad, nosotros tampoco contemplamos jamás tal cosa ni en el mentor de este alcalde que le colocó a dedazo, el anterior Luis Rogelio Rodríguez Comendador, el cual aupó a la primera representación de la ciudad a este joven empleado, sin otro trabajo conocido, de la empresa de Juan Antonio Galán, uno de los detenidos en la Operación Poniente. Sin que ello quiera decir, claro, que su favorecido estuviera salpicado o que detectase irregularidades; aunque las malas lenguas pudieran pensar que como Claudio, haciéndose los tontos, hay por ahí algunos que llegan sino hasta a emperador, sí a consejero, técnico o subsecretario.


Hemos sufrido el agravio incluso en el Km 4 de la Carretera de Carmona, donde fue asesinado Blas infante y periódicamente con nocturnidad sustituyen por la de los colores del Carnicero Queipo de Llano, la de los del Padre de la Patria Andaluza (aunque él no la fundara). Sin dejar a un lado a los 'hooligans' peperos de Coria del Río, baboseantes por los colores del hijo del rey de Franco y con diarreicos espasmos anticatalanistas, cual si tuvieran el punto flojo en la Patria natal del descendiente de almerienses Andreu Buenafuente. Curioso, los mismos que critican a abertzales o independentistas catalanes por exhibir sus estandartes sin colocar los del Estado, tienen la desfachatez con 'santa desvergüenza' escrivariana de exponer con ilegal e ilegítima indecencia y jeta únicamente la rojiamarilla en muchos sitios, a pesar de ser Andalucía Nacionalidad Histórica, según su propia 'constitución', que parecen interpretar a capricho fusilando el Estatuto de Autonomía.


Aunque tal vez sorprenderá a muchos que la rojigualda tal y como se conoce ahora no se remonta a épicos tiempos ancestrales, sino que plagia los colores de la 'senyera' catalano-aragonesa, en una época que no se limita precisamente hasta a los reyes 'católicos' ni al vesánico imperialismo de los Austrias. En tiempos de la 'cruzada' de Alejandro II, que arrebataría la oscense y próspera Barbashter (Barbastro) a Al-Andalus, a la taifa de Zaragoza de Al-Muqtadir, se valieron para ello los 'patriotas' - y sus palmeros que se enorgullecen de ese saqueo criminal -, de mercenarios francos y de catapultas traídas de allende los Pirineos. Si bien Al-Muqtadir recuperaría pocos años después el Valle del Cinca, entre Huesca y Lérida, como cordón umbilical con Occitania, la vitalidad mercantil y riqueza de la Ruta de la Seda, la cual llegaba hasta el emporio comercial barbastreño, nunca volvería allí a recobrarse.


Sancho Ramírez (1064-1094), rival sedicioso de Al-Muqtadir, impresionado por ese osado golpe de mano militar en el que por cobardía no participó, corrió a rendir pleitesía al papa ofreciéndole su vasallaje, con un tributo de quinientos 'mancusos' (moneda de las cecas del oriente islámico no circulantes en su naciente reino y que debieron importar) de oro al año. Se vio obligado a pagar gabelas el aspirante a ser gerifalte de un nuevo reino racista y supremacista católico, el de Aragón. Para ello debió prohibir y perseguir con saña no sólo a judíos y muslimes, también el rito cristiano hispano que se remontaba al tiempo de los visigodos. Roma y sicarios francos al arrimo del botín rapiñado, aniquilación del legado milenario mozárabe autóctono, pago de tributos con monedas árabes sirias... como verán, todo muy bizarro y castizo... españolísimo.


En el viaje que realiza el que sería Sancho I de Aragón, para ser investido por un papa imperialista y genocida, quedaría impresionado por la pompa de Alejandro II. La 'umbrella' o sombrilla del pontífice teocrático, que con su faraónica mitra apareció ante sus ojos, revestido con los atributos heliolátricos de los rayos del dios egipcio Ra, de chillones colores burdeos y dorados alternados en su parasol, deslumbró a tan cateto reyezuelo, dispuesto a postrarse a los pies del jerarca divinizado de una nación extranjera. Aún pueden verse hoy en los tintes de la antigua bandera vaticana el rojo y el amarillo presentes en esa sacralizada sombrilla, en las cintas de lemnisco de los selllos del monarca de la ciudad del Tíber y en la pigmentación en dos mitades colorada y limón de la bandera papal hasta 1808. De una burda imitación primero del autócrata del Vaticano, catalano-aragonesa después y pendón marinero borbónico por último, nace la actual bandera que algunos creen que ya la tremolaba el Cid, Colón o Felipe II. Nada de nada, almas de cántaro...


No sólo eso, las aspas rojas sobre fondo blanco del estandarte de los tercios de Flandes, o durante los primeros siglos del Virreinato en América, en la época del brutal militarismo austracista en expansión, que requetés adeptos al franquismo y fachas imperialistas nostálgicos esgrimen con impudicia e ignorancia, en su origen tampoco tienen raigambre peninsular. Por ello se denomina cruz de Borgoña, la cual sobre níveo paño la adoptaron distintos reinos del subcontinente europeo.


Como anécdota podemos reseñar que el alcalde de Almería, el susodicho Fernández Pacheco, el cual alegremente dispone de las contribuciones para 'regalar' estanqueras y jamás banderas andaluzas sin equivalente respeto alguno por el Estatuto de Autonomía, ha escogido de modo arbitrario hace poco un remedo de esa cruz de Borgoña, después de sant Jordi, para representar a los almerienses. No le mueve otro afán quizá que promover el estandarte de los corsarios, jaleados por otra 'cruzada' papal, que saquearon la ciudad de la Alcazaba en 1147, hasta entonces emporio textil mundial... sí, blandida por unos piratas genoveses asesinos, violadores, secuestradores y ladrones de almerienses. La opulenta ciudad de los diestros tejedores de la ciudad de la Alcazaba, sin competencia a su altura conocida en su época, admirados y envidiados en todo el orbe, tras esa barbarie comenzaron su declinar socio-económico.

No le mueve otro afán quizá que promover el estandarte de los corsarios, jaleados por otra 'cruzada' papal, que saquearon la ciudad de la Alcazaba en 1147, hasta entonces emporio textil mundial... sí, blandida por unos piratas genoveses asesinos, violadores, secuestradores y ladrones de almerienses.

Se le pasó por alto al presidente de los ediles de la milenaria Villa del Andarax, fundada por el emir y después califa Abderrahmán III, que ese pabellón de Génova hasta nuestros días se caracteriza por ser el más anticastellano existente. Los comuneros que se enfrentaron con las armas en la mano contra el emperador Carlos I, blandiendo su pendón morado, lo hicieron por la miseria que provocaba a su Pueblo estar endeudada la Corona con los usureros banqueros genoveses, beneficiándose de la venta de su lana y sus recursos, vampirizados los súbditos por la amortización de los intereses. Si tanto le repugna al regidor almeriense Andalucía como para contravenir la ley no colocando la Arbonaida junto a la rojigualda en algunas rotondas y plazas, ya sabe... puede irse con su enseña por los sitios donde según él nació nuestra civilización, a tomar el fresco donde los pastores palentinos o sorianos; pero mejor que evite Villalar, donde fueron ejecutados Padilla, Bravo y Maldonado, a no ser que lleve el temerario Ramoncico - tan ufano de su pasado parentesco franquista - el mejor seguro dental.


No sería hasta los tiempos del borbón Carlos III en 1785, decretando un concurso para cambiar el pabellón de la Marina, con objeto de poder ser visualizado con nitidez por los barcos a distancia, cuando surge la rojigualda. El hecho de que antes se confundía con los colores de los Estados Pontificios, codiciosos de ampliar un imperio teocrático terrestre ya crepuscular, había provocado siempre que flotas de todo el Mediterráneo atacasen cualquier buque del imperio de los Austrias, tomándolo por los de los feudatarios de la avarienta Roma de los papas con yelmo, cota de malla e incluso no raras veces espadón.


Si añadimos por otra parte que no sería hasta los Acuerdos de Letrán (1929) con Mussolini - llamado por ello en su día 'hijo de la divina providencia' - cuando nace el actual Estado vaticano con bandera, idioma, himno y moneda propios, la posible adscripción a un Estado extranjero y a sus intereses, por parte de cargos públicos, no entendemos como no suscita a la fiscalía el impedir ese gravísimo delito recogido en el Código Penal, que pudiera perpetrarse o haberse producido, el de Traición (por colusión de obediencias), penado hasta con treinta años de prisión mayor.


Existen otros especímenes tan hipócritas o más que los anteriores: cual incontaminados ángeles secularizados ciertos 'progres' dicen abominar de todas las banderas, si bien les disloca las meninges las de su club deportivo, o no se les observa manifestar su inquina más exacerbada por el nacionalismo más agresivo, depredador y excluyente conocido entre todos, el nacional-católico. Aquí con fomentar el odio a los catalanes y el desprecio por los andaluces ya basta para sentirse muy 'patriota'... aunque cierto 'patriotismo' tantas veces haya sido como pensaba el gran escritor inglés Samuel Johnson, "el último refugio de los canallas".


En contraposición a esas banderas foráneas vaticanas, borgoñesas, genovesas o las del pollo, la nuestra no nacida para golpear con su astil la cabeza de nadie, la pacifista y abierta a los mundos... la Esmeralda y Alba, la glosa para la eternidad el poeta natural de Guadix, Abul-Asbag ben Arqam, almeriense de adopción, sobrecogido al verla desplegarse majestuosa en la Alcazaba de Almería, hoy hace casi mil años en tiempos del rey-poeta Al-Mutasim: "Una verde bandera/ que se ha hecho de la aurora blanca/ un cinturón/ despliega sobre ti/ un ala de delicia./ Que ella te asegure la felicidad/ al concederte un espíritu triunfante./ Documentaría el investigador francés Henri Peres en su obra El esplendor de Al-Andalus la enseña más antigua de Europa vigente hoy, nuestra Arbonaida, una de las primeras del mundo. La Asamblea de Ronda, presidida por Blas Infante, la reconocería como estandarte universal del Pueblo andaluz/ andalusí, declarada oficial por el Estatuto de Autonomía de 1981.


Verde fecundo del Valle del Guadalquivir, Alba etéreo de la brisa de los inmortales... ¿ha vuelto al fin la paloma de Noé con su rama de olivo anunciándonos el Renacimiento de la humanidad?