OPINIÓN
La noticia, perdida en el tráfago del periódico, dice así: “Detenidos dos individuos por robar tapas de alcantarilla en la zona del Quemadero”. El asomo de asombro inicial da paso a la estupefacción cuando, tras un somero repaso por la prensa, descubro que el fenómeno es general en este país, tan propenso por cierto a los bajos fondos.
Estupefacta anda la audiencia.
Mira con perplejidad y asombro,
la nueva modalidad de robo
que más que hurto, es ciencia.
Unos cacos muy felices
han encontrado el sistema
de concluir el poema
y comerse las perdices.
¿ Roban del dinero público,
ese que no es de nadie,
o aspiran a darse otros aires
menos ralos y más púdicos?
Ante un mantel, antes mapa,
habló el que más sabía:
“Tengan calma, no porfía,
y tomemos unas tapas”.
“Eso es”, dijo el más fiero,
“como el clan de tortilla,
a por las alcantarillas,
y en lugar de Estado, de hierro”.
“No es ocurrencia manida”,
concluyó el estudioso del grupo,
“en casa no me dirán más burro,
que esto tiene muchas salidas”.