B.T. El discurso cometido, con motivo del Día de Andalucía, por la profesora en excedencia de la Universidad de Almería, y a la sazón presidenta del parlamento autonómico, ha sido unánimemente percibido como una invectiva contra quienes osan cuestionar las excelencias de la afamada clase política andaluza. Iba a escribir ‘casta’, pero después de las nada veladas amenazas lanzadas por Fuensanta Coves, casi no me atrevo. Decía la ínclita vecina de Rodalquilar, aupada al segundo mayor rango protocolario de la región por acaparar de forma usuraria los principales y casi exclusivos méritos requeridos, ser mujer y poseer perfil de cariátide, que “Cuidado, mucho cuidado” con las “voces que han intentado socavar los cimientos de nuestro actual (el subrayado es mío) Estado de Derecho”. Según la Excelentísima “el primer punto del ataque” consiste en “generar una corriente de rechazo al propio sistema de comunidades autónomas con argumentos del todo falaces”. Podría parecer que se refiere a las burguesas veleidades de ‘rancho aparte’ de sus correligionarios catalanes, aunque sin dudad debe ser alguna forma local de ‘Fata Morgana’. Pero nuestra intrépida amazona alberga más flechas en su carcaj. “Si primero se descalifica al sistema, en un plano paralelo se vitupera a sus representantes; ése es el segundo flanco de ataque, una reprobación genérica y sin matices; otra mezcolanza que debemos atajar”. Pues bien, bajo ese superávit de signos de puntuación se descubre al verdadero destinatario de su dicterio. Ese “debemos” lo dirige, no a la ciudadanía que es la que más frecuentemente recurre a términos indiscriminados cuando tiene ocasión de expresarse, sino al resto de compañeros de fatigas y escaños. A la espera de comprobar el grado de seguimiento de la propuesta entre sus señorías y, sobre todo, si es con ‘alfa privativa’ o de forma textual como hay que entender eso de ‘atajar’, la frase sorprendentemente cercana al “Prietas las filas…” con que ilustrar musicalmente los siguientes cuartetos.
“Prietas las filas,
recias, marciales”,
no son inocuos verdiales,
tampoco chistes de Gila.
Himno de tiempo felizmente ido,
de zumbar al criticón
con escuadra y cartabón.
Ido, más no fenecido.
Lo dijo doña Fuensanta
irguiendo el dedo enhiesto:
“Os romperé en la crisma un tiesto.
Que no me espanta y me encanta”.
Presidenta, no jorobes,
que aquí sólo amenaza
quien presume de bocaza.
Así que menos coces, Coves.