ISSN 1989-8630 ** Edicion 853::    
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OPINIÓN

El asunto queda algo a trasmano, pero qué significa el tiempo y sus ficciones cuando hablamos de esa cápsula anacrónica que es la Universidad, entre ‘galbánica’ (con b) y frenética .  El frenesí lo han aportado los lobos grises de la Autónoma barcelonesa,  a cuenta de un intercambio de pareceres no demasiado educado con una diputada de floral nombre. La galbana, nuestra inefable Universidad almeriense.

Por debajo de las evidentes diferencias y latitudes, subyace la misma idea de ajustarse a un guión previsible en el que son nulas las  intenciones de alterar el ‘statu quo’.

Uno se imagina que un hipotético intercambio de papeles sólo tendría como consecuencia la adecuación nada traumática a la nueva situación. Pero vayamos con lo nuestro. La más reciente muestra de esa abulia crítica que desde siempre arrastra nuestra ‘Alma mater’ la hemos tenido con motivo de la última entrega de la medalla de oro de la institución.

Que el galardonado, Juan Cano,  haya sido un antiguo catedrático de la propia Universidad, por lo demás receptor de conferencias y cursos, y que el rector usara su discurso para justificar el compadreo, no hace más que abundar en lo predecible de algunos comportamientos.  “Si lo proclamamos a los cuatro vientos”, trompeteó más que leyó Pedro Molina, “ no es por mera autocomplacencia, para mirarnos el ombligo o por pura autosatisfacción”.

Que es decir lo mismo tres veces seguidas en una misma frase.  Pero lo peor no es la tautología.  El rector continuó “…(el galardón) es para enviar un mensaje a la sociedad en su conjunto de que, como ha dicho el consejero (por Martín Soler),  es una obligación moral reconocer el mérito, el trabajo bien hecho y la actitud de servicio público”. Alguno de los múltiples asesores, comunicadores y otras gramíneas que fatigan esas moquetas debería haber advertido al rector de los peligros de los saltos temporales.  Porque si lee un discurso previamente escrito y hace referencia a lo dicho poco antes por otro interviniente, sólo caben dos posibilidades: o quien se lo ha escrito es vidente, o era partícipe del discurso anterior.

Lo que resulta sospechoso en ambos supuestos. También existe otra posibilidad, es cierto, pero no me atrevo a pensar que el rector hubiera decidido de forma espontánea incluir la referencia al consejero Soler sólo para quedar bien con él.  Uno de los riesgos en este tipo de actos es que el almíbar nunca parece suficientemente dulce.  De modo que a esas loas contestó el galardonado,  Juan Cano Bueso, presidente del Consejo Consultivo de Andalucía:  “La Universidad de Almería, según se percibe claramente, ocupa  en la provincia y más allá de ella, un potente lugar de referencia ética y moral, un liderazgo espiritual, si se quiere”.  Queremos, ¡qué caramba!  Perciba quien lo perciba “claramente”, esté donde esté ese “más allá”,  signifique lo que signifique eso de “potente lugar” y sea lo que sea el “liderazgo espiritual”.  Y, ya desbocado,  continuó: “... en esta atmósfera cargada no siempre de energía positiva, ( la Universidad de Almería) supone una red de seguridad para la promoción de una conciencia crítica, para la formación de una opinión pública libre, plural, abierta y democrática tan necesaria siempre, en especial ante la situación económica y social,  que nos demanda a preguntarnos no qué puede hacer el Estado por nosotros, sino qué podemos hacer por nuestro país.”  Ignoro, porque las crónicas no lo especifican, si tras la arenga de corolario kennedyano los asistentes se cogieron de las manos y así, hermanados en la nueva fe,  se juramentaron para lograr (no olviden lo de “referencia ética y moral”, espero que planetaria)  el Nobel de la Paz para la Universidad de Almería.  ¿Entienden ahora por qué hace un par de años la medalla fue para la guatemalteca Rigoberta Menchú, ganadora en el año 1992 de un premio por el que, por cierto,  han desfilado personajes tan siniestros como Henry Kissinger y Le Duc Tho( que al menos tuvo la decencia de rechazarlo)?  Descartados los apolillados sones de la tuna, no se me ocurre ilustración musical más adecuada que ese himno al peloteo que es el ‘Gaudeamus igitur’.  Eso sí, para ser aún más acorde con el espíritu de los discursos que hemos escuchado, debe mutar sus habituales gorgoritos civiles por el recio  aire de las marchas militares.

Entre gal(b)ánica y frenética,

cercana más a la molicie que al marasmo,

no temamos en incurrir en pleonasmo

calificándola de patética.

 

‘Alma mater’ con humor de suegra,

y sólo para los primos prima,

lo que para el poeta es la rima

para ella es par y negra.

 

En el noreste cantazos

contra el que opina distinto.

Aquí nones y mal tinto

y expulsado del regazo.

 

Si en vez de carne te dan hueso

y no hacen lo mismo con todos,

no te arrastrarán por el lodo

si te apellidas Cano Bueso.

 

2º) Debemos agradecer al director de este diario digital el descubrimiento de esta rara joya de la literatura náutica, y lo acertado, y hasta premonitorio,  de algunas de sus definiciones.

 

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