Juan Enciso no dimite. Esa es la frase que con más contundencia decía a su llegada a El Ejido, de donde fue sacado hace ocho meses por orden de la juez Monserrat Peña por su presunta implicación en la Operación Poniente, una trama de corrupción que según la fiscalía se desarrolló entre el Ayuntamiento y la empresa mixta Elsur, con ramificaciones a varias mercantiles.
Enciso tenía el rostro cansado después del viaje realizado en coche desde al prisión provincial de Granada, ubicada en el municipio de Albolote, de donde salió a las ocho menos cuarto de la tarde, después de haber depositado una fianza de 300.000 euros por la mañana. Allí mismo había ya familiares y amigos esperándole en un primer recibimiento, en el que incluso hubo un pequeño altercado entre los familiares de Enciso y los periodistas de algunos medios de comunicación, hasta el punto de que la Guardia Civil tuvo que identificar a estas personas por su actitud. Entre ellos estaban su cuñado (la esposa de Enciso y su hija están también imputadas en la causa).
Sus palabras en aquel momento eran básicamente de agradecimiento e insistencia en que “ni he dimitido, ni voy a dimitir porque soy inocente”, lo que luego repetiría hasta la saciedad en El Ejido. En aquellos momentos estaban junto a él tanto Ignacio Berenguel, el alcalde en funciones, como el empresario Gabriel Hidalgo, presidente del Polideportivo Ejido, pero también estaban José Añez, secretario general del PAL, concejal de Alcaldía y diputado provincial, el alcalde de Dalías, Jerónimo Robles, o el diputado provincial y concejal de ese municipio Ángel Díaz.
Desde las tres de la tarde, después de que se confirmara oficialmente la noticia del auto de libertad bajo fianza, comenzaron los movimientos, y a esas horas ya había ante la puerta de la prisión de Albolote familiares del alcalde, aunque no sería hasta pasadas las cinco aproximadamente cuando llegara la orden de libertad que fue entregada en mano (por fax también habría valido y hubiera sido más rápida) y a eso de las ocho menos cuarto salía Enciso.
Eran pasadas las nueve y media de la noche cuando el Merecedes Viano negro que le recogió entraba en El Ejido y se dirigía a la casa del alcalde, situada precisamente frente al Ayuntamiento, mediando entre ambas la Plaza Mayor, y hasta la sede del Partido de Almería, organización que preside.
Algo más de medio centenar de vecinos se reunieron para darle la bienvenida al grito de “viva el alcalde”, a quien acogían con besos y abrazos emocionados, y con la promesa de que si hasta ahora habían estado callados, a partir de este momento les tocaba a ellos. Y es que en general el pueblo de El Ejido se ha mostrado bastante distante ante la Operación Poniente, ya que ni se lanzaron a la calle pidiendo su libertad, y ni tampoco las concentraciones organizadas contra él han tenido éxito en sus proclamas.
Tal como ya avanzara el secretario general del PAL y concejal de Alcaldía, José Añez, Enciso seguirá en el “sillón de la Alcaldía” pero destacó que lo que ahora le apetecería era el “sillón de su casa”. Así lo dijo él mismo a sus vecinos, a quienes prometió que volvería “pronto” al trabajo pero ahora necesitaba “descansar”.