Javier Aureliano García
Secretario General del Partido Popular de Almería
Escribo estas líneas sin conocer el desenlace de la gran final de la Copa del Mundo que habrá disputado la Selección Española el domingo por la noche. Pero con independencia de lo que haya pasado sobre el terreno de juego, que lógicamente espero y deseo que sea una victoria española, los jugadores españoles son, a mi juicio, campeones de la ilusión, de la alegría y de la identificación de todos con la idea de España. La Selección Española se ha confirmado en este Mundial como un inmejorable elemento de unión para todos los españoles, vivan donde vivan y estén donde estén. Todos los medios de comunicación se han hecho eco a lo largo de los últimos días de este fenómeno colectivo, publicando informaciones, opiniones y encuestas que podrían resumirse afirmando que la mayoría de los ciudadanos cree que la unidad de la Selección demuestra la capacidad de los españoles cuando tienen un objetivo común. Ese gran proyecto nacional, que sistemáticamente ha sido devaluado, ridiculizado y puesto en duda por el gobierno socialista de Zapatero, lo han encontrado los españoles en la Selección Española de Fútbol, que se ha convertido en el gran proyecto nacional que es capaz de fijar objetivos colectivos e ilusionantes sin resaltar los factores o hechos diferenciales a los que tan aficionados son Zapatero y sus socios nacionalistas. España no sólo es una única nación; es una gran nación. Y esa nación tiene, en estos momentos, el gran problema de estar presidido por alguien que no la reconoce así. A Zapatero no le gusta una España sólida y cohesionada, sino que prefiere hablar de “nación de naciones” o que es “un concepto discutido y discutible”. La respuesta a esa discusión se la están dando estos días al señor Zapatero los miles de españoles que estos días han puesto una bandera española en su ventana, en sus terrazas o que salen a la calle con los colores de España en sus camisetas. El nerviosismo con el que han reaccionado los sectores nacionalistas a esta demostración espontánea y natural de identificación con la idea de España, especialmente en zonas como Cataluña o el País Vasco, demuestran que prestamos en ocasiones mucha atención a agrupaciones o colectivos minoritarios que han cobrado (y nunca mejor dicho) excesivo protagonismo a causa de las necesidades parlamentarias del señor Zapatero.
A los españoles, al menos a la grandísima mayoría, nos gusta serlo. Es un sentimiento que ha permanecido oculto durante todo este tiempo, pero que ha estallado finalmente con la celebración del Mundial. Y es que los españoles estamos razonablemente satisfechos de las luces y las sombras de una historia común que asumimos con orgullo en algunos casos y con la esperanza de no repetir errores pasados en otros. Pero en todo caso, España es un país serio que merece unos gobernantes más serios que los que actualmente tenemos, para que volvamos a ser respetados en las cancillerías y no sólo en los escenarios deportivos.
España necesita un gran proyecto nacional que fije objetivos, como por ejemplo la creación de empleo. Estoy convencido de que todos los españoles somos capaces de reunirnos en torno a ese objetivo y a apoyar ese deseo.
Por eso quiero dar las gracias desde aquí a los jugadores y cuerpo técnico de la Selección Española de Fútbol, porque ellos han provocado este estado de ánimo, esta ilusión colectiva y esta alegría. Y lo digo antes de saber si son, oficialmente campeones del Mundo o no. En todo caso, en lo que a mi respecta, con independencia del resultado del domingo por la noche, todos ellos son ya unos inolvidables campeones, protagonistas de algo incluso más grande que ganar un Mundial: hacer que todos los españoles, por una vez, estemos de acuerdo en algo. Enhorabuena y gracias, campeones.