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ISSN 1989-8630 ** Edicion 1180::    
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La solicitud de Pleno ordinario en El Ejido ha venido precedida de gran polémica y no menor expectación. Pues bien, ya se ha celebrado, y creo que algunos hemos colocado el listón de las expectativas excesivamente alto para los resultados que arrojó la esperada sesión.

El PP utilizó sus argumentos y sus tiempos para glosar citas ya publicadas en los medios de comunicación y para pedir la dimisión de Enciso “porque ya no está en lo tiene que estar y tiene que dimitir”. Evidentemente, ante tamaña contundencia y originalidad no cabía esperar otra cosa que una respuesta agresiva; incluso, la “incriminación” del PP cuando Enciso espetó “ustedes no se van a ir de rositas”. Además, el alcalde imputado se permitió anunciar a Juan Cantón (PP) que se iba a sentar en el banquillo “porque yo lo voy a llamar a testificar”. En definitiva, nada nuevo, más reafirmación en el victimismo, negación de toda evidencia y desviación de las acusaciones hacia los denunciantes.

El error del PP está en el infantil planteamiento de este pleno, considerándolo desde el plano político y utilizando argumentos ya conocidos y publicados por todos los medios de comunicación. No han entendido que Juan Enciso ya no es un político acosado por gruesas sospechas de corrupción de las que tiene que zafarse con argumentos políticos. No. Enciso es ahora un imputado en cinco delitos y en libertad condicional eludida mediante fianza de 50 millones de pesetas. Así las cosas, el PP no puede esperar respuestas adecuadas a sede institucional; sólo cabe esperar argumentos de defensa y estrategia planteada no por asesores políticos y consejeros áulicos, sino por abogados curtidos en argumentos ajustados a procedimiento judicial.

Enciso no estuvo en el pleno. Enciso estuvo en un ensayo de la vista oral, donde planteará los mismos argumentos: “yo no me he llevado nada”; “yo no sé nada”… “yo soy inocente, señoría”.

El PP debería saber que todas las escuchas telefónicas y las zafiedades allí enunciadas han sido objeto de valoración por parte de la Defensa, y Enciso tiene preparada inmediata respuesta a cada uno de los más siniestros pasajes. Otra cosa hubiese sido utilizar una estrategia sorpresiva tendente a producir el desmoronamiento, el exabrupto o la escatología que políticamente hubiese erosionado la costra que su estrategia de defensa le ha provisto.

Pero la oposición no es Perry Manson. Nada más lejos: fueron a por lana y han salido trasquilados.
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