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Era de esperar que la culminación de la llamada integración de GIAL en el PP fuese algo truculenta.
El principal problema radica en un error de concepto inicial ¿integración, pacto, absorción, fusión, permuta, negociación…? Si me lo preguntan no sé qué responder.
Creo que los argumentos iniciales se han cogido con alfileres. GIAL propuso no presentarse a las elecciones a cambio de unos compromisos –creo que no escritos- por los que el PP se “haría cargo” de varios miembros de la formación de Megino, incluyendo en las listas populares a dos miembros de GIAL. Para ello, Megino se compromete a retirarse de la política activa y, por otro lado, extiende oportunidades de pervivencia política a los más aventajados miembros de la extinta formación.
Integración no parece que sea el modelo más ajustado a las condiciones preestablecidas, dados los efectos que se están produciendo; máxime, cuando GIAL aún permanece vivo y expectante y, ojo, presto a resurgir si fracasara este llamado modelo de integración. No en vano, Megino ha anunciado que, de no aceptarse sus condiciones, él volvería a presentarse.
Precisamente, para evitar la visualización de una decisión personalista, Megino convoca un a modo de primarias para que sea el Partido quien daría carta de naturaleza a las decisiones que, a buen seguro, serán correlativas a los deseos de la presidencia de GIAL. Y de aquí parten todos los problemas.
Por un lado, es razonable que GIAL pretenda introducir en las listas a sus elegidos, sea con argumentos objetivos o compromisos subjetivos. Por otro lado, es comprensible que el PP mire con todas las cauciones la composición de sus listas. Al fin y al cabo, es el cabeza de lista quien ha tener la última palabra y, de ganar las elecciones, será el alcalde, y sólo el alcalde, quien felicitará o sufrirá la delicada decisión de diseñar una lista de gobierno municipal. Por tanto, las apelaciones de Megino al presidente del PP (Gabriel Amat) para que se pronuncie sobre los posibles incumplimientos de la “integración” sólo tendrían justificación en los aspectos generales y cuantitativos, pero al cabeza de lista le han de permitir alguna licencia en aspectos cualitativos.
Ya estamos muy acostumbrados a que en política si sale con barba San Antón y si no, la Purísima Concepción. Amat no debe dejar al margen a Luis Rogelio en estas negociaciones. Si la resultante es feliz y bien avenida ya se colocarán las medallas de finos estadistas; pero si fracasara, el marrón se lo come entero Luis Rogelio.
Megino sabe que en todas las casas cuecen habas (Pilar González Pradas) y en algunos pretendidos candidatos y candidatas procedentes de GIAL, dicen, cabrían dudas sobre las lealtades y fidelidades a la firma PP y, especialmente, a Luis Rogelio. De ahí el laconismo del alcalde al responder a una integración a ciegas.
De momento, el proceso continúa. La pelota se ha colocado sobre el tejado de Amat. Quizá sea el momento de cerrar lo que se dejó entreabierto o mal cerrado.