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Operación Cazorla

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Lamento no tener la imaginación de esos agentes de policía judicial que idean nombres como “Operación Gürtel” aprovechando que el presunto cabecilla se apellida Correa, u “Operación Lezo” cuando se trata del Canal Isabel II, u “Operación Púnica” por ser Granados el supuesto jefe de la cosa… yo soy más de aquí, y si la “Operación Poniente” investigaba una trama corrupta en el Poniente, pues nada me sorprendería que al intento de acabar con el concejal Miguel Cazorla se le denominara en clave “Operación Cazorla”.

Los movimientos para acabar con el portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Almería no cesan, y aunque no son nuevos, desde luego se intensifican. Eso sí, ahora más desde dentro que desde fuera, a pesar de que fue él quien puso en marcha a nivel provincial el proyecto de Albert Rivera.

Con el triunfo que supuso lograr tres concejales y ser llave de gobierno en la capital, ser claves también en Roquetas y en Cuevas, así como tener una parlamentaria andaluza, y diputado provincial y otro en el Congreso, Ciudadanos ha optado en su organigrama por diversificar, lo que no siempre se entiende bien, acostumbrados como estamos a las baronías y los multicargos. Y esa es la cuestión, que esa estructura de la que se ha dotado Ciudadanos difumina la dirección real de la organización a nivel provincial, hasta convertirla en inexistente, por lo que minar a Cazorla a base de rumores es la tarea a la que algunos se han aplicado.

Esta es la última fase –por ahora- de la Operación Cazorla, la de poner en solfa su liderazgo en la agrupación municipal, e incluso en el propio grupo. Cada movimiento, cada gesto, cada votación interna, cada nombramiento, todo se traslada al exterior como una pérdida de confianza de la dirección del partido hacia él, buscando claramente que aparezca como debilitado.

Cazorla es incómodo. Siempre lo ha sido. Basta escuchar algunas de sus intervenciones en los plenos. Se fija en detalles que otros pasan por alto, y si no fuera por él ni nos habríamos enterado de algunas cosas que se han hecho mal en el Ayuntamiento en los últimos años, y tampoco de otras que se han hecho muy mal.

Se podría sostener que sus problemas comienzan cuando anuncia que apoyará al socialista Juan Carlos Pérez Navas como alcalde –quien además tendría que contar con IU, a la que incorporaría en el gobierno municipal- y luego, el mismo día del pleno, cambia el sentido del voto de su grupo para hacer alcalde a Luis Rogelio Rodríguez, del Partido Popular.

Pero no es cierto, ese error –para unos apoyar al PSOE, para otros cambiar al PP, que cada cual elija- ha sido la excusa para seguir dándole ganchos boxísticos. Y es que antes de las elecciones fue vapuleado por el PP por tierra, mar y aire, como si ignoraran que podrían tener que entenderse con él, y que precisamente actitudes como esas le podían conducir a optar por los socialistas llegado el caso.

Como decimos, desde que decidió colgarse la mochila naranja, Cazorla ha recibido todo tipo de golpes desde dentro y desde fuera, minimizando sus aciertos y amplificando sus errores, pero resulta incombustible, no logran quemarlo.