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Rajoy prorroga el castigo a Almería

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Cristóbal Montoro no se prodiga mucho en los medios de comunicación, pero cada vez que habla sube el pan, la gasolina, el IRPF que sale de nuestra nómina o, lo que es peor, todo a la vez. No hay término medio con este ministro y este gobierno: o la hacen mal o la hacen peor para que siempre terminen pagando los mismos, los trabajadores. Todo aquel o aquella que tiene una nómina se puede dar por perjudicado con el PP. Ahora bien, si eres millonario – de ese selecto colectivo que ha crecido durante la crisis- no hay problema, igual te hace una amnistía fiscal que una reforma para que pagues menos impuestos.

La última vez que ha hablado el ministro de Hacienda ha sido para decir que no está por llevar al Consejo de Ministros los presupuestos de 2018. Montoro ha venido a deslizar que la crisis catalana y las dudas del PNV han terminado por poner la cosa tan fea que se ha complicado aprobar las cuentas del Estado para el próximo año. Y lo dice así, con naturalidad, como si no hubieran visto venir lo del 1 de octubre y el desafío independentista desde hace meses.

El Gobierno de Rajoy ha demostrado, de esta manera, una falta de previsión inconcebible; impropia de un gobierno serio y responsable. Aprobar los presupuestos resulta de vital importancia para nuestro país, puesto que de ellos depende una estabilidad económica que está cogida con pinzas o garantizar cuestiones tan necesarias como el sistema público de pensiones. ¿Qué es lo que ha fallado entonces? Una vez más, diálogo y acuerdo. Si me apuran ‘a espuertas’, como dicen en mi pueblo.

Asimismo, la realidad a la que nos enfrentamos los almerienses ante la incapacidad del Gobierno para aprobar los presupuestos en tiempo y forma es descorazonadora, puesto que su prórroga va a volver a retrasar cuestiones que requerían de la inmediatez en su ejecución. Hay problemas, como el de la escasez de recursos hídricos, que hay que acometer sin más dilación. Este es el caso de la reparación de la desaladora de Cuevas – que ha superado ya los cinco años fuera de servicio, como consecuencia de las riadas de 2012 –, la ampliación de la de Carboneras y la puesta en marcha de las tuberías que deberían llegar cargadas de agua, cuanto antes, al campo de Tabernas para paliar la sed que sufre la comarca.

El agua, las obras del Corredor Mediterráneo, la mejora de nuestras carreteras y la puesta en marcha de un plan de empleo especial para Andalucía, del que se pueda beneficiar Almería, son cuestiones irrenunciables que requieren de una respuesta urgente. Mañana ya es tarde para Almería.

En cualquier caso, todo eso no solo depende de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, sino también de la voluntad política de ejecutarlos, algo que no ha ocurrido hasta ahora en nuestra provincia. A Almería solo han llegado las promesas de unos políticos del PP, incumplidores como ningunos, que han acompañado al Gobierno con sus mentiras. Sin embargo, las inversiones se han quedado a muchos kilómetros de nuestra frontera provincial. El dinero que se dibujó en la Ley de Presupuestos - año tras año, desde 2012- nunca apareció por aquí y nunca lo hará. Es muy difícil que el PP esté dispuesto a devolvernos lo que en su día fue nuestro porque, en realidad, solo estuvo pintado en un papel que terminó por aguantarlo todo.

En este estado de las cosas, la sociedad almeriense debe de rebelarse contra este castigo que ahora se prorroga y contra esa deslealtad que también parece prorrogable. La incompetencia de este gobierno es tan vergonzosa que se hace difícil entender que los almerienses podamos aguantar y tragar por más tiempo todo este cúmulo de desplantes hacia nuestra provincia.