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República (Fallida) de Cataluña

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El único reconocimiento que le ha llegado a la República (Fallida) de Cataluña ha sido el sector Anticapitalista de Podemos, lo que tampoco sorprende por los lazos que estos mantienen con las CUP. Y fuera del Estado español pues… vamos, ni tan siquiera el Gobierno de la independentista Escocia, ni desde el independentista Quebec, ni desde la independentista Estonia… y todo lo más parece haberles dado algo de cariño Nicolás Maduro desde Venezuela, que por lo que se ve no tiene bastante con lo suyo y anda metiéndose en las movidas de los demás, y sí, ese prodigio del esperpento –cómico si no fuera por lo trágico- de Kin Jong Un desde Corea del Norte.

Y es que si ya contamos que era difícil hacer las cosas peor de lo que las había ejecutado el presidente Mariano Rajoy en relación al “referéndum” del uno de octubre (ya saben, lo del uno a cero), también es muy complicado llegar a la “independencia” de un modo más patético del que lo ha hecho el destituido Govern de la Generalitat.

En realidad, como todo es un despropósito, vamos a aceptar pulpo como animal de compañía, y asumamos que para crear un nuevo país desgajado del Estado español siguiendo fielmente el procedimiento que exigiría la vía constitucional, la cosa es tan compleja que aceptamos darle una patada a la ley “española” y demos por válida la ley “catalana”. Sí, es mucho suponer que un pulpo pueda ser un animal de compañía, pero ahí tienen al difunto Paul y sus aciertos con la Roja.

Lo que no puede hacerse es convocar unas elecciones plebiscitarias, y como los votos a favor de los partidos independentistas es menor que el de los no independentistas, romper con eso y valorar entonces los escaños. Este argumento era tan sobrevenido que las propias CUP reconocían que se había perdido el plebiscito.

Pero vale, aceptemos por Calamardo este nuevo punto de vista, y miremos la llamada Ley de Transitoriedad y Fundacional de la República Catalana. Fue elaborada en secreto por los partidos independentistas, y lógicamente sin participación del resto de formaciones políticas, pero lo más grave es que se llevó al Parlament para su aprobación en lectura única, o dicho de otro modo, sin que la oposición pudiera presentar enmiendas (ni tan siquiera para poder rechazarlas por la mayoría secesionista). Eso indignó incluso a CSQP, la marca catalana de Unidos Podemos, que desde entonces se desmarcó definitivamente de los independentistas por la falta de democracia.

En base a esa ley no debatida por los parlamentarios, se convoca un referéndum. El Gobierno del Estado hace lo posible por evitarlo, si bien lo único que logra es entorpecerlo.

Pero lo cierto es que el referéndum que se hace el 1-O es una tomadura de pelo. No entraremos en los detalles que todos hemos podido conocer, pero la verdad es que a eso no se le puede llamar referéndum ya que fue cualquier cosa menos eso, tal y como se ha reflejado por instancias internacionales. Ya digo, olvidemos que era ilegal según la legislación española, y olvidemos la charlotada de los votos dobles y triples, y lo del censo... démoslo por valido en este punto de la reflexión.

Por si fuera poco, la Ley de Transitoriedad decía que los resultados los supervisaría la Sindicatura Electoral, pero todos sus miembros habían dimitido y no se puso a ningún sustituto. Es decir, se incumplió su propia Ley, hasta el punto de que quien da validez a los datos es el propio Govern firmando el acta correspondiente.

Dice el artículo 85 de esta ley de Transitoriedad que “Una vez celebrado el referéndum y en caso de resultado favorable de la opción independentista, el Gobierno de la Generalidad activará un proceso constituyente, democrático, de base ciudadana, transversal, participativo y vinculante, con el objetivo de redactar y aprobar la Constitución de la República”. Pues está claro que aquí también se lo han saltado, a pesar de darle -ellos sí- valor legal a la convocatoria, cuando todo el mundo pudo comprobar que los resultados no era homologables.

El Govern no activó nada tras certificar los resultados. En la comparecencia del entonces president Carles Puigdemont podría haber dicho solemnemente –la ocasión lo merecía- “activo el proceso constituyente de la nueva República”, pero no lo dijo así. Eludió ser tan explícito, y prefirió algo que sigue generando confusión. Parece que declaró la República Catalana, y que pedía inmediatamente al Parlament que la suspendiera.

Hay quien opina que no hubo tal declaración, pero si no la hubo ¿por qué pedía suspenderla? Y en todo caso, si era al Parlament a quien solicitaba esa suspensión ¿por qué no lo sometió a votación?

Hay quien opina que no hubo tal declaración, pero si no la hubo ¿por qué pedía suspenderla? Y en todo caso, si era al Parlament a quien solicitaba esa suspensión ¿por qué no lo sometió a votación?

Los independentistas vuelven a saltarse su propia ley cuando llevan al Parlament este tema y aprueban –solo ellos- instar al Govern a poner en marcha el mecanismo de creación del nuevo país. Y a partir de ahí, aplausos, besos y abrazos… pero que se sepa, el Govern no ha hecho aquello a lo que le instó el Parlament en la polémica sesión. Puigdemont no ha firmado ni un solo documento en el que se active la constitución de la República… aunque se jalee por los partidos independentistas que Cataluña es independiente.

Pero además de saltarse su propia legislación, son un hatajo de cobardes. No solo antidemócratas, como lo demostraron en la aprobación de la Ley de Transitoriedad, son cobardes, porque no se han atrevido a cumplir ella.

No hubo quien asumiera cubrir las bajas de la Sindicatura Electoral, y fue por miedo. Y Puigdemont no se atrevió a decir desde la tribuna del Parlament que ponía en marcha el artículo 85 y siguientes, y es porque tenía miedo. Y llevaron el asunto al Parlament para diluir la responsabilidad en el anonimato de las urna que contenía dos votos en blanco para cubrirse las espaldas y evitar que jurídicamente se pueda actuar contra todos los que votaron (los del No, lo mostraron). Y en esa sesión no hablaron ni Puigdemont, ni Oriol Junqueras, ni Carme Forcadell… y callaron por miedo.

¿Dónde están esos reconocimientos internacionales que tantos millones de euros han costado a la Generalitat y que ha gestionado Räul Romeva?

Para lo único que ha servido la proclamación de esta República (Fallida) de Cataluña es para excitar el nacionalismo español.