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¡Un siglo de bandera!

lunes 01 de enero de 2018, 01:00h

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Como la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, le tiene aversión a nuestra bandera, evitando lucirla en momentos tan emblemáticos como sus mensajes de fin de año, tendremos que ser nosotros, sencillos andaluces, quienes hagamos la pedagogía que el Régimen no realiza en las aulas escolares de nuestra tierra.

Díaz evitó la verdiblanca cuando habló desde la Alcazaba almeriense, y ha tardado la friolera de año y medio en cumplir un Proposición No de Ley impulsada por Podemos y respaldada por todos los grupos parlamentarios, en la que se instaba a colocar algún elemento que informara a los visitantes de que allí ondeó por primera vez la bandera en la que se fundamenta la actual. De hecho, esa alienación cultural a la que sistemáticamente se nos somete a los andaluces –la herencia franquista de la narrativa histórica persiste en nuestros colegios- es lo que propicia que la PNL de Podemos contuviera un error fundamental, y que ni uno solo de los parlamentarios lo reconociera.

Si hace casi mil años “Una verde bandera/ que con la aurora blanca/ se ha hecho un cinturón” flameaba al paso de uno de los almerienses más ilustres de todos los tiempos, nuestro emir Almustassín, según referían los versos de su visir, el accitano Abu Asbag Ibn Arqam, no hay ningún documento que sugiera que –como afirma la PNL aprobada- el Padre de la Patria Andaluza, Blas Infante, la tuviera de base para crear la que hoy tenemos. Es muy posible –pero mucho, mucho- que él conociera aquel poema, y que probablemente tuviera datos al respecto, y que incluso sea cierto que fue inspiradora, pero también lo es que quizá toda su documentación ardiera cuando su esposa, embargada por el miedo tras su secuestro y asesinato por los sublevados, quiso eliminar el legado de este notario y padre de familia, cuyo único delito fue amar a su patria hasta dar la vida por ella.

Tan es así, que cuando Infante escribe sobre la bandera, justifica sus colores diciendo que “Fueron los colores preferidos por nuestros padres (...). Verde es la vestidura de nuestras sierras y campiñas prendida por los broches de las habitaciones campesinas blancas (...), blancas son nuestras villas y antiguas ciudades de blancos caseríos con verdes rejerías orladas de jazmines. Pura y blanca como un niño, es la Andalucía renaciente que nuestro regazo calienta. Y es aquella esperanza siempre reverdecida y ya conscientemente sentida y definida por los nacionalistas andaluces (...). La bandera blanca y verde enseña de esa pureza y de esa esperanza".

¡Pero cómo le vamos a pedir a sus señorías que conozcan estos detalles! ¡Minucias! ¡Si no sabían la relación de la bandera de Andalucía con la de la Almería más esplendorosa, cómo van a saber que tampoco es cierto todo lo que al respecto se dice!

Y es que esa aversión llega al extremo, cuando nuestra bandera cumple ahora un siglo como símbolo de Andalucía, y lo cumple este año 2018, en este mes de enero, pero no hay –de momento y que se sepa-ni un solo acto convocado por la Junta de Andalucía sobre esta cuestión.

Hagamos, pues, humildemente esa pedagogía a la que por ignorancia, indolencia o simplemente miedo, renuncia el Gobierno andaluz.

Hace ahora un siglo, la Asamblea de Ronda, eligió la verdiblanca como bandera de Andalucía, no sin un debate y distintas propuestas sobre la mesa, en la que se apuntaban junto al verde y el blanco –que parecían claros- el rojo y el negro. Aquella enseña fue reivindicada también en distintas asambleas autonomistas desde entonces, y así, cuando llega el momento de redactar el Estatuto de 1981 y luego el de 2007, se oficializa la bandera y se la califica de “tradicional”, porque a diferencia de tantas inventadas en la Transición o en la República, la nuestra venía jalonada por la historia.

Pero ese afán de reescribir la historia –en el caso de Andalucía ya nos viene así, reescrita, y lo complicado es escribirla, a secas- no solo los autores de la redacción de los Estatutos, sino también todos aquellos que con posterioridad incluyen descripciones de nuestros símbolos en trabajos o informes institucionales, no adviertan que esta bandera “tradicional” es también “nacional”.

Pero ese afán de reescribir la historia –en el caso de Andalucía ya nos viene así, reescrita, y lo complicado es escribirla, a secas- no solo los autores de la redacción de los Estatutos, sino también todos aquellos que con posterioridad incluyen descripciones de nuestros símbolos en trabajos o informes institucionales, no adviertan que esta bandera “tradicional” es también “nacional”.

A falta de las actas de aquella Asamblea de Ronda de la que ahora se cumple un siglo, lo que sí está negro sobre blanco es que, dos años después, Infante publica un artículo titulado "Las insignias de Andalucía" en la revista ANDALUCÍA, y menciona que "Se votó para Andalucía como bandera nacional, la bandera blanca y verde (tres franjas horizontales de igual medida: blanca la franja central y verdes las dos extremos (...).”

Ocultar todo esto a los andaluces también es adoctrinamiento ¿o no?