ISSN 1989-8630 **
19 de septiembre de 2019, 2:57:48
Sucesos


El pasado del que Ana Julia no quiere acordarse




En la primera sesión del juicio por la muerte del pequeño Gabriel, la defensa de la acusada y autora confesa, Ana Julia Quezada, la condujo en la narración de una vida desgraciada, con el fin de generar empatía con el jurado, pero la Guardia Civil había hecho su trabajo y eso les reafirmó en sus sospechas sobre ella.

Ana Julia contó que llegó a España con 18 años, animada por una de sus hermanas tras casarse con español que la metió en la prostitución. Contó que cuando llegó aquí, tras dejar una hija en República Dominicana, se encontró con que su hermana y su cuñado ya le habían buscado un local para ejercer la prostitución.

Aseguró la acusada que aguantó un mes, y logró marcharse gracias a la ayuda de un amigo que le ofreció su apoyo, teniendo distintos trabajos desde entonces, entre ellos el de carnicera.

Explicó que era ella quien se había separado de su exmarido S. con el que llegó de Burgos a Las Negras para montar un bar, y sobre el que luego ella –según la investigación- hizo recaer todas las sospechas del crimen.

Por su parte, el teniente coronel de la GC que habló ante el jurado, la definió como "fría, calculadora y materialista" y recordó que fue su hija –que declaró por videoconferencia con la petición expresa de no verle la cara a su madre- la que les dijo que " los hijos de una anterior pareja le habían denunciado por una póliza".

Los familiares manifestaron entonces a los investigadores que Ana Julia " había estado relacionado con un alcohólico que murió y cobró 30 mil euros y que la habían denunciado por quedarse con objetos del fallecido... prácticamente nos dijeron que se había casado por el dinero".

También ha asegurado que en el registro de la casa de Vícar se encontró cocaína.
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