ISSN 1989-8630 **
13 de noviembre de 2019, 3:15:19
Opinión


La oportunidad del 10-N

Por Antonio Felipe Rubio





El primer mitin de Pedro Sánchez, utilizando el palacio de la Moncloa y el Telediario de TVE, no ha podido salirle más barato. El gratis total de los recursos públicos a beneficio sectario del ya candidato socialista contó con escenario, recursos y oportunidad para generar un buen impacto de audiencia; nada mejor para pedir el voto en la pre-precampaña.

Decir que espera que “los españoles hablen esta vez (10-N) con mayor claridad” responde implícitamente a los deseos de algunos gobernantes que históricamente se han significado por perseguir a toda costa el aumento progresivo del respaldo popular sin importarles los medios, y así, hasta alcanzar el momento propicio para conseguir el poder absoluto ostentado por una personalidad que, con alarde de exhibida “resistencia” y enfermiza obsesión, llegan a donde les conduce la desmedida ambición para gobernar/mandar sin necesidad de otros compañeros de viaje que le puedan desenfocar sus pretensiones, fobias, cambios revolucionarios… y otras ensoñaciones que, lamentablemente, han supuesto tétricos episodios de la historia.

La ausencia de sacrificio en aras del beneficio para los ciudadanos ha sido una constante que extiende el concepto “casta” hasta los que se las daban de regeneradores, progresistas y apóstoles del maná extensivo y expansivo. La mentira ya se ha abierto paso en un escenario en el que nadie se ruboriza: podemitas que viven como marqueses, progresistas que les traiciona el subconsciente en las pánfilas sobreactuaciones o los visionarios que venían a poner orden y quedan a la orden de la aritmética que les brinda oportunidades de mera existencia parlamentaria.

A partir de ahora, es posible que ese espacio letárgico en el que han sesteado diputados y senadores se vea agitado. Ha sonado la campana, y esos representantes de su provincia, que usted no tiene ni puñetera idea de quienes son, entrarán en un estado de sobrexcitación para hacerse visibles ante el electorado y, sobre todo, para granjearse el favor de la repetición en las listas.

Si usted no es de los más cafeteros, haga el ejercicio de recordar a quien votó. Seguramente, recordará a qué partido entregó su confianza, pero no sabe ni qué o quiénes son los/las senadores y diputados que representan a Almería. El motivo no es otro que no han aparecido y no se han concernido, siquiera en los momentos más difíciles del catastrófico temporal; bueno, algunos han surgido para sacar rédito de una desgracia personal.

Si usted votó a Podemos o Izquierda Unida (sin representación), diga si ha visto u oído a alguien haciendo algo por esta provincia desde el 28 de abril. Si usted votó a Vox, diga si ha visto u oído a alguien haciendo algo por esta provincia desde el 28 de abril. Si usted votó a PSOE, diga si ha visto u oído a alguien haciendo algo por esta provincia desde el 28 de abril, salvo cuando han actuado como como figurantes en la visita del ministro a la Geoda de Pulpí o con Sánchez, intentando que le subiera al helicóptero. Si usted ha votado a Ciudadanos, diga si ha visto u oído a alguien haciendo algo por esta provincia desde el 28 de abril, salvo un muy ocupado dirigente nacional y diputado por Almería que preguntó al “descubrir” que hay retraso en las obras del AVE. Si usted ha votado al Partido Popular, diga si ha visto u oído a alguien haciendo algo por esta provincia desde el 28 de abril, salvo por las -esta vez sí- continuadas visitas semanales de Matarí que, por otro lado, quizá no quiere perder el contacto con la provincia ante un posible posicionamiento para la futura presidencia provincial del partido.

Del experimento anterior, se puede deducir la capacidad de acción y compromiso de nuestros representantes políticos. Ya no es cuestión de ir a ciegas o abrir un incierto melón el 10-N; ya conocemos el casting, su eficacia y sus desvelos por los “problemas de la gente” y el “progreso progresista” de la sociedad. Así, esta nueva oportunidad pondrá a prueba a los partidos políticos que decidan repetir las listas de los candidatos surgidos hace más de cuatro meses y que, por cierto, cobran desde el primer día, y no se sabe qué hacen y dónde se solazan.

Algunos líderes de los partidos que pordioseaban algún arreglo con Sánchez para tocar pelo de poder ahora lamentan el gasto de casi 200 millones para las nuevas elecciones. Pero el ejercicio de la democracia no debe salir caro. Lo caro de verdad es pergeñar un mal gobierno que nos arrastre a la ruina económica y la ruptura de la unidad nacional. Y ese altísimo precio podríamos pagarlo todos los españoles por mucho, demasiado tiempo.
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