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Ismael Serrano ofrece tres horas de canciones en su desván con vistas a la luna

domingo 06 de mayo de 2018, 18:27h

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El Auditorio Maestro Padilla fue escenario anoche de una nueva escala de la gira del 20 aniversario de carrera del cantautor madrileño


“¡Ay, cantautores!”. Esta exclamación tan genérica y empática, proferida por una rosa en una urna descubierta en el desván en el que se convirtió anoche el escenario del Auditorio Municipal Maestro Padilla, resume a la perfección los veinte años de carrera de Ismael Serrano. El artista madrileño realizó anoche en Almería una nueva celebración de sus dos décadas sobre los escenarios, en una cita perteneciente a la programación de la ‘Primavera Cultural’, puesta en marcha por el Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería para el presente trimestre.

Una rosa en un desván…con vistas a la luna y las estrellas. Con una ventana sobre la que, según la canción, incendios, lluvias, inmersiones en el mar, vuelos panorámicos y especiales y/o espaciales se sucedían con un halo de magia. El mismo efectismo con el que Serrano, a sabiendas de que su espectáculo no puede ser tan excesivo o sobresaltado como el de una banda de rock, o de indie, que está más de moda, iba sorprendiendo a sus fieles oyentes. Un folio que mantiene su primera canción convertido en pedazos de nieve en las manos; una escalera enorme que sale, cual bolso de Mary Poppins, de una maleta en el suelo; nieve, en mayo, en el escenario… y una rosa que habla.

Con la misma fiereza hermosa que la del cuento de ‘La Bella y La Bestia’, la flor erguida de encanto pero melancólica al estar retenida entre cristales y olvidada en el trastero, conversa con Ismael Serrano sobre la música y la vida, indisolubles seguramente para los hacedores de canciones de corte melancólico. Porque Serrano, tan circunspecto antaño, si bien la sensación la sigue manteniendo en el rictus, ha aprendido a reírse de sí mismo, de la gran intensidad de la canción, su canción, que recuerda, que sueña el pasado con ilusiones de futuro, que quiere un presente de realidad utópica. “¿No puedes cantar algo más alegre?”, decía la rosa.

En tres horas de concierto, Ismael Serrano ofreció su forma de felicidad y alegría, la que le ha convertido en el cantautor más sólido, trascendente y destacado de las últimas dos décadas. Generoso en la entrega, alternando temas nuevos, como ‘Ven’, con versiones de autores que han marcado una época, como Luis Eduardo Aute en ‘Las Cuatro y Diez’ o grandes éxitos propios, como ‘Últimamente’. Las tres canciones de entrada ya dejaban claro cómo iba a ser la velada.

Jacob Sureda

Con dirección musical de Jacob Sureda, encargado de la multiinstrumentación presentada en esta nueva gira, y con Barnabas Hangonyi ‘Batio’ al violoncello, ‘Sucede Que a Veces’ las canciones adquirieron unos matices más líricos, en ocasiones, más épicos en otros. Una nueva apuesta que ofrecía lo nuevo en lo conocido, como un refresco para hacer vívido otra vez lo que va adquiriendo una fina capa de polvo en la memoria. El de un desván con vistas a la luna y con una rosa expectante. ‘Y Sin Embargo’ (de Sabina), la ‘Pequeña Criatura’ parecía llevar allí más de ‘Cien Días’ encerrada, como los sueños atrapados en el momento que alguien le dice a la ilusión, ‘Te Vas’.

Pero en el transcurso del concierto, rosa y autor se van entendiendo entre citas de Shakespeare, Chaplin o Churchill, con el deseo común de que llegue ‘El Día de la Ira’, dedicada a las mujeres que muestran su señal de protesta, en un ‘Ojalá’ de cambio parafraseando “la canción más bonita que vamos a cantar esta noche, que no es mía”, de Silvio Rodríguez. Envidia sana sin que por ello haya que declamar ‘Te Odio’, porque no está mal reconocer que al crecer se ganan incertidumbres hasta el punto de asumir que ‘Apenas Sé Nada de la Vida’ y que ‘Todo Cambia’. “¡Ay, cantautores!”, ‘Si Se Callase el Ruido’…

El citado acompañamiento musical de Serrano le permitió, en varias ocasiones, interpretar sin guitarra. Uno de los casos fue ‘Recuerdo’, una de las canciones con mayor exigencia vocal y que desplegó con una fiereza vibrante, arrebatadora. Porque aunque toda la línea de su discografía tiene numerosos elementos comunes, hay algo de irrepetible en el aquel ‘La Memoria de los Peces’, canciones que en las primeras notas ya despertaban los aplausos desde las butacas, que también se dejaron llevar por la rítmica percutida y coreada de ‘La Llamada’.

Enfilando el tramo final del concierto, ‘Ya Ves’, llegó la ‘Nieve’ para sobrecoger en la sucesión de grandes temas finales, como ‘Vine del Norte’, ‘Papá Cuéntame Otra Vez’ y ‘Vértigo’ y, como en tantas cosas, ‘Ahora Que Te Encuentro’ llegó el momento del aviso de despedida. Y sin embargo, quedarían más jirones de emociones, como la delicada ‘Ana’, introducida con la consabida maestría narradora de Ismael Serrano, que le recordó a la gran familia que es su público que mientras tenga una guitarra, como en los últimos veinte años, ‘No Estarás Sola’, porque quien escribe y canta por una necesidad vital sabe que ‘Todo Empieza y Todo Acaba En Ti’. Que veinte años no son nada, depende de según qué cosas.

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