El 19 de marzo fue el Día del Padre. Ese día, esperando en el aeropuerto de Barcelona la salida de un avión que me debía llevar a Valladolid, hojeando los periódicos he visto una viñeta que me ha animado a escribir este comentario. En ella se ven dos figuras adultas abrazadas. Una de ellas de edad avanzada. La otra era un hombre que muy bien podría ser un cuarentón. Y el hombre viejo (mayor, no se enfaden) le está diciendo al cuarentón: “…Pero seguiré regañándote”. A lo que éste le respondió: “…Cuando quieras, papá”.
No quiero defraudar a quienes me están reclamando un comentario sobre la generosa acogida que han dado los líderes de las principales fuerzas políticas españolas a la petición de la Unión Romaní de que reservaran un lugar seguro en sus listas de candidatos en las Elecciones Generales del 28 de abril. Lo haré en cuanto se cumplan los plazos establecidos por la ley que señalan que los partidos políticos deberán presentar sus candidaturas al Congreso y al Senado antes del día25. El día 27 de marzo se publicarán las listas en el Boletín Oficial y, tras unos días para solventar recursos e impugnaciones, el 2 de abril se darán a conocer las candidaturas una vez proclamadas. Quiero dejar pasar algunos días para que algunos partidos que tienen posibilidad de lograr representación parlamentaria recuerden nuestra existencia y nuestra fuerza electoral.
Hoy, sin embargo quiero hablar del Día del Padre, y más concretamente del Día del Padre Gitano. De la mujer gitana me he ocupado cumplidamente en anteriores comentarios. Hoy quiero detenerme con especial interés y precaución en mostrarles lo que para nosotros representa la figura del padre en el seno de nuestra familia.