Entre los consejos esenciales de prevención, se recomienda lavar muy bien las manos con agua tibia y jabón antes y después de manipular o preparar alimentos, limpiar las frutas y verduras crudas, calentar las sobras de comidas y, después de cocinar, usar agua caliente y jabón para lavar los utensilios, las tablas para cortar y otras superficies de contacto.
En el caso de las mujeres embarazas aconsejan prevenciones extra como no ingerir leche o quesos no higienizados (blandos tipo brie o similar), salvo que en el envase se indique claramente que han sido fabricados con leche pasteurizada. También es bueno evitar los patés, productos cárnicos loncheados, perritos calientes, carnes en lata o fiambres, a menos que se hayan calentado bien, y manteniendo el líquido de estos envases lejos de otros alimentos, lavándose las manos después de manipularlos. También se recomienda evitar los mariscos ahumados y refrigerados, a menos que hayan sido cocidos o sean enlatados o no perecederos.
Los síntomas aparecen entre una y cuatro semanas después de haber comido alimentos contaminados, habiendo casos en los que se manifiesta incluso hasta 70 días después. Los síntomas más frecuentes son fiebre y diarrea, y la similitud del cuadro con el que provocan otros microorganismos hace que sea raro que sea diagnosticada.
Cuando la enfermedad no es tratada y la bacteria se ha propagado más allá de los intestinos, se habla de listeriosis invasiva. Las mujeres embarazadas presentan síntomas similares a la gripe, como fiebre, fatiga y dolores musculares, si bien la infección puede causar aborto espontáneo, muerte fetal o parto prematuro. Si no existe embarazo, los síntomas pueden incluir dolor de cabeza, rigidez en el cuello, confusión, pérdida del equilibrio y convulsiones, además de la fiebre y dolores musculares.