Opinión

Humedales, ¡qué lugares!

Moises Palmero Aranda | Lunes 10 de febrero de 2025

Al ritmo de “Al calor del amor en un bar” de Gabinete Caligari reconozco que no he sabido encontrar el momento justo para escribir, porque hablar hemos hablado y mucho, del Día de los Humedales. En realidad, este año no pensaba hacerlo, pero como ha sido una semana larga y llena de emoción, amanece, apetece, estoy muy entero, llegó el momento de decirlo: ¡qué lugares!

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He optado por esta exclamación porque es ambigua y me permite mostrar el envés, la cara B, la realidad que algunos no muestran en prensa de estos espacios naturales, algunos sin ninguna ley que los proteja y otros megaprotegidos en el papel, pero desprotegidos en la gestión diaria.

Si han leído o escuchado la versión de la Junta de Andalucía, el haz y la cara A, habrán pensado que están vigilantes, invirtiendo un millón de euros en Las Albuferas de Adra y realizando educación ambiental con centros de secundaria para proteger, sensibilizar y divulgar los valores ambientales, culturales y etnográficos de los humedales. No diré que mienten, pero sí que exageran y mucho

La educación ambiental está siendo aniquilada sistemáticamente de las políticas de la Consejería de Sostenibilidad, abandonando el programa Aldea, pionero y ejemplo a nivel nacional, y eliminando convocatorias de ayudas a proyectos locales. Ahora van a licitar subvenciones a las que solo se pueden presentar las grandes empresas, ya que las sacan por lotes entre provincias, que ni saben a lo que se presentan, ni conocen la zona y que para ganar la licitación tiran a la baja en detrimento de los que realmente hacen la actividad. En vez de ir de lo local a lo global, principio básico en educación ambiental, van de lo global a lo local, principio básico de la economía de mercado, para llenar los bolsillos de los amigotes.

El millón, el mismo de cuando se secaron las Salinas del Cabo de Gata y que nadie ha visto, lo prometió don Ramón (ahora promete balsas y agua que buscará debajo de las piedras) para contrarrestar el informe científico demoledor que anuncia la muerte de Las Albuferas, y en el que no se contempla limpiar la basura que flota en la lámina de agua y medidas reales para evitar su degradación.


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