Al ritmo de “Al calor del amor en un bar” de Gabinete Caligari reconozco que no he sabido encontrar el momento justo para escribir, porque hablar hemos hablado y mucho, del Día de los Humedales. En realidad, este año no pensaba hacerlo, pero como ha sido una semana larga y llena de emoción, amanece, apetece, estoy muy entero, llegó el momento de decirlo: ¡qué lugares!
He optado por esta exclamación porque es ambigua y me permite mostrar el envés, la cara B, la realidad que algunos no muestran en prensa de estos espacios naturales, algunos sin ninguna ley que los proteja y otros megaprotegidos en el papel, pero desprotegidos en la gestión diaria.
Si han leído o escuchado la versión de la Junta de Andalucía, el haz y la cara A, habrán pensado que están vigilantes, invirtiendo un millón de euros en Las Albuferas de Adra y realizando educación ambiental con centros de secundaria para proteger, sensibilizar y divulgar los valores ambientales, culturales y etnográficos de los humedales. No diré que mienten, pero sí que exageran y mucho
La educación ambiental está siendo aniquilada sistemáticamente de las políticas de la Consejería de Sostenibilidad, abandonando el programa Aldea, pionero y ejemplo a nivel nacional, y eliminando convocatorias de ayudas a proyectos locales. Ahora van a licitar subvenciones a las que solo se pueden presentar las grandes empresas, ya que las sacan por lotes entre provincias, que ni saben a lo que se presentan, ni conocen la zona y que para ganar la licitación tiran a la baja en detrimento de los que realmente hacen la actividad. En vez de ir de lo local a lo global, principio básico en educación ambiental, van de lo global a lo local, principio básico de la economía de mercado, para llenar los bolsillos de los amigotes.
El millón, el mismo de cuando se secaron las Salinas del Cabo de Gata y que nadie ha visto, lo prometió don Ramón (ahora promete balsas y agua que buscará debajo de las piedras) para contrarrestar el informe científico demoledor que anuncia la muerte de Las Albuferas, y en el que no se contempla limpiar la basura que flota en la lámina de agua y medidas reales para evitar su degradación.