Este año celebramos el 50 aniversario de "Tiburón", esa joya dirigida por un joven Steven Spielberg que, con su maestría, nos enseñó a temer el mar y a mirar con recelo cualquier sombra en el agua.
Recuerdo la primera vez que vi "Tiburón". Era verano, claro, porque ¿qué mejor época para asustarse un poco? Estábamos en casa de mis abuelos en Almería, rodeados de esos atardeceres que parecen pintados por los dioses. Después de una tarde en la playa de San José, donde las olas acarician suavemente la arena dorada, decidimos hacer una noche de cine. Mi primo, siempre el más atrevido del grupo, trajo la película. “No es para tanto”, decía entre risas mientras yo me preparaba para cubrirme los ojos en las escenas más tensas.
La película comenzó y lo que parecía ser una simple historia sobre tiburones se convirtió en un viaje emocional que nos dejó a todos pegados al sofá. La música de John Williams resonaba en nuestros corazones mientras el jefe Brody (Roy Scheider) intentaba mantener la calma ante el caos que se desataba en Amity Island. Y ahí estaba yo, pensando: “¿Qué pasaría si esto sucediera aquí en Almería?”. Imagínense a los turistas aterrorizados en nuestras maravillosas playas... ¡un auténtico desastre!
"Tiburón" no solo fue un hito cinematográfico; fue el comienzo de una nueva era para Hollywood. Cuando se estrenó en Estados Unidos el 20 de junio de 1975 y llegó a España seis meses después, nadie imaginaba que esta película iba a cambiarlo todo. Con casi 6 millones de espectadores en nuestro país y convirtiéndose en la primera película en superar los 100 millones de dólares en taquilla, Spielberg demostró que podía crear un blockbuster veraniego que atrapara a multitudes.
Y aquí viene mi anécdota personal: recuerdo cómo mis amigos y yo solíamos ir al cine a ver las reposiciones de películas clásicas durante los veranos. A veces bromeábamos diciendo que deberíamos llevar flotadores por si acaso algún tiburón se escapaba del proyector. La risa llenaba la sala mientras nos imaginábamos enfrentándonos al gran escualo como si fuéramos Brody y Quint juntos.
Ahora, con motivo del aniversario, "Tiburón" regresa a las salas en versiones remasterizadas como IMAX y 4DX. No puedo evitar sentir una mezcla de emoción y nostalgia al pensar que esta obra maestra volverá a cautivar nuevas generaciones. Me imagino a jóvenes almerienses sentados frente a la pantalla grande, sintiendo ese escalofrío cuando aparece la famosa aleta dorsal… ¡Ah! La adrenalina pura.
Así que este verano, si tienen la oportunidad, no se pierdan "Tiburón" en cines. Revivan esa experiencia única y déjense llevar por la magia del cine mientras recuerdan lo afortunados que somos por disfrutar del mar sin miedo (bueno, quizás con un poco). Porque aunque Spielberg nos enseñó a temer lo desconocido bajo las olas, también nos hizo amar aún más esas tardes soleadas junto al Mediterráneo.
En fin, celebremos estos 50 años con palomitas y risas; porque al final del día, eso es lo que hace falta: disfrutar del cine y recordar que incluso los tiburones pueden ser parte de nuestra historia… pero nunca dejarán de ser solo ficción. ¡Nos vemos en el cine!