Opinión

Economía para niños grandes

Jorge Molina | Miércoles 19 de noviembre de 2025

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La demagogia y la infantilización social afecta a la economía futura

El marino deja caer una verdad incómoda:

—Hemos hablado de economía a brochazos, de robots, de «cohetes» y de pamplinas, pero no de la cita que popularizó G. Michael Hopf: «Los tiempos difíciles crean hombres fuertes; los hombres fuertes crean tiempos fáciles; los tiempos fáciles crean hombres débiles; y los hombres débiles crean tiempos difíciles».

Una cita ingeniosa que hoy parece vigente. Estamos en esa fase «blanda» de la historia y se agudiza. La prosperidad nos ha domesticado y anestesiado porque la UE y España, en especial, viven instaladas en el «estado del bienestar» pensando que no puede tener final.

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El siglo pasado —aunque parece lejano, no lo es tanto—, levantó las ruinas de las guerras con décadas de esfuerzo y sacrificio, que propiciaron avances, progreso y abundancia. Aunque en la actualidad nos comportamos como niños malcriados, en la creencia que el confort y las oportunidades alcanzadas, son un derecho sin contrapartida.

Esto resume 80 años de política económica y social en Europa, al esfuerzo de la reconstrucción, le sucedió el milagro del crecimiento y ahora estamos en la complacencia.

A la aspiración legítima de seguridad y prosperidad, le ha sucedido la cultura de la subvención. Todo el continente parece haber olvidado que la riqueza no brota por generación espontánea, sino con trabajo y esfuerzo.

La joven profesora añade:

—Confundimos solidaridad con repartir y progreso con gastar, creíamos que ese statu quo es permanente, pero la crisis de las sub prime, la inestabilidad geopolítica actual, con guerras y terrorismo nos han despertado de algo que estaba latente ante nuestras narices.

La UE, la vieja Europa, llena de leyes y limitaciones, reparte lo que no produce, promete lo que no puede pagar y se endeuda para mantener la ficción de abundancia, con unos políticos que, aumentando el gasto público, la deuda y con la máquina de imprimir dinero tienen la solución.

Aunque esta dinámica es endiablada. Cada problema —veamos el Covid19— se resuelve con más gasto y más ayudas, cada error con más subvenciones. El resultado, más deuda y más impuestos, como si fuera maná caído del cielo, pero a costa del trabajo de otros.

Nos dirigen políticos infantiles, con formación superficial y teórica, escasa experiencia profesional y académica, triviales en sus actos y sin visión a largo plazo que, contribuido a crear una sociedad acreedora de derechos, pero sin pensar que su bienestar requiera algún esfuerzo, auspiciado por Pedro Sánchez y su gobierno que educa para la dependencia y las ayudas. Aunque esto no protege, sino que infantiliza, crea incertidumbres y coste económico.

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Con una deuda pública agregada en la UE del 88-90 % del PIB y en España del 103,2 %, la tranquilidad se compra incrementando la deuda y con dinero fácil —fondos Next Generation— para el gasto corriente, en lugar de inversión. Resultado inflación, pérdida de valor y empobrecimiento futuro, lo que aplaza el conflicto, pero no lo resuelve, pero vamos como un «cohete».

Interviene el marino:

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—Recuerdo los años en los que «austeridad» era sinónimo de familias que gastaban menos, que ahorraban y el país crecía. Eso trajo progreso y era una virtud, hasta que, con la crisis de 2007, la «austeridad» pasó a ser una palabra odiada y denostada. Aunque la austeridad es clave en el gasto, público o privado.

Si, el déficit público sostiene la paz social, pero con el agravante de considerar sospechoso, insolidario —y epítetos peores— a quien hable de disciplina fiscal, de reducción de gasto público o bajar los impuestos.

Vivimos una UE exasperante, que promueve leyes limitantes y prohibiciones, mientras otros investigan, innovan y crecen. Europa se ha declarado incapaz de liderar, ni asegurar su prosperidad,

La impotencia. inacción y miedo de la UE ante la guerra de Ucrania ha mostrado su propia incapacidad, sustituyendo un problema real por el relato y subterfugios de los principales partidos en el Parlamento y la Comisión Europea.

La profesora agrega:

—En España presumimos de ser muy europeístas, pero estratégicamente irrelevantes y de una debilidad que se refleja también en su estructura productiva, porque hemos escogido la senda de los subsidios y el relato,

Condenamos el ahorro y se penaliza la iniciativa, al emprendedor, autónomo o empresario que se les mira con recelo, como si el beneficio fuese una forma de egoísmo, depreciando que la libertad es lo que permite aumentar el empleo y generar prosperidad.

Aunque tenemos el privilegio de Pedro Sánchez y su gobierno que compra paz social a crédito y una sociedad infantilizada que vota a quien le promete menos esfuerzo, con ciudadanos que se creen esas patrañas.

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Ahí está el germen y la raíz del populismo. ¿Qué puede salir mal?

El marino apura el café y sentencia:

—La historia se repite. Nos tocará pagar esta factura de inmadurez y laxitud, aunque tengamos el «cohete» que nos llevará, como mínimo, a la mesosfera, es decir, más allá de la estratosfera.

Cuando vuelvan los tiempos difíciles, veremos quién nos gobierna.