¡Qué frío! España se congelaba en los pasados días de Navidad. La nieve nos enseñaba su manto blanco sobre sierras que no la veían en año, como el caso de la Sierra de Gádor. O las temperaturas bajaban bajo cero en tierras que no lo había soñado en décadas, como el caso de Níjar. Nos alegran esos días de invierno cuando un forro polar cubre nuestro cuerpo, y a la vuelta a casa nos encontramos un buen fuego que mantiene el necesitado calor de hogar. El problema es cuando aparecen los datos en la prensa nacional, concretamente en el periódico El País, y te cuenta que el diecisiete y pico de los hogares españoles están viviendo dentro de lo que se llama pobreza energética.
No deben tener ese forro polar que cubra sus cuerpos en las calles, y cuando llegan a casa lo único que encuentran es el frío que se mete en los huesos. Durante años anteriores, en esta Almería donde decíamos que el sol pasaba el invierno, no habíamos vivido temperaturas como las de este año, y es cuando se pone de manifiesto la necesidad que tienen nuestras familias de superar esa barrera que supone la pobreza energética. Uno de cada cinco hogares pasa frío, en algunos puntos del país, mucho frío, demasiado frío. No es el caso de la Moncloa, o de las viviendas de nuestros políticos, como la de otros ciudadanos que logran mantener sus casas calientes en días de duro invierno. Pero no todas las familias, no en todos los hogares se puede pagar la factura de la luz, del gas, o comprar leña para la chimenea.
Pero España, ¿verdad, Pedro? ¡va como una moto! Y seguro que ni en tus vacaciones en Andorra has pasado frío. Los impuestos de casi cincuenta millones de españoles deben dar para que andes siempre calentito, para que no te falten forros polares, ni estufas cargadas de leña a la que acercar tu serrano cuerpo.
Eso no ocurre, lo mismo no lo sabes, o no te lo cuentan tus ministros, ni los cientos de asesores que te rodean, tampoco te lo dirán los contertulios a los que pagas en Tv con los impuestos que pagan entre todos los ciudadanos, de esos hogares que no tienen para cubrir sus necesidades energéticas en estos días de frío invierno que se están viviendo en España. Una España que ve como sube el precio de la luz, del gas, del butano y de todo lo necesario para acabar con la llamada pobreza energética. Debes ser muy feliz, calentito en Moncloa. Pero, no parece que le preocupe ese tanto por ciento de los hogares españoles donde no se puede poner la calefacción en este tiempo en que parece que el calentamiento global nos está abandonando. Esperemos que vuelva cuanto antes, el calentamiento.