Opinión

Aprendiendo a mirar en la tele

Moises Palmero Aranda | Lunes 12 de enero de 2026


No sé si atribuirle la oportunidad que se nos presenta a Baltasar, al de verdad, no al presidente Moreno tiznado de betún (manda huevos), a Gaía o la Pachamama que representan a la Madre Tierra, pero este año que comienza vamos a hacer un programa de educación ambiental en una televisión local, pero pensando en lo global, que, como no puede ser de otra manera (será la falta de imaginación), hemos llamado Aprendiendo a mirar bajo el árbol de las piruletas.

En realidad es todo más mundano, no hay que aderezarlo de magia ni misticismo, pero es cierto que a veces la vida te termina dando el empujón que, por prudencia, pereza, la falta de confianza o el síndrome del impostor, necesitas para lanzarte al vacío. Llevábamos tiempo dándole vueltas para retomar el programa de Radio Ecocampus que durante siete temporadas hicimos en Radio UAL, pero no terminábamos de decidirnos.

Entretenidos, ocupados y muy agradecidos con las opiniones escritas que este medio nos permite hacer cada semana; las diferentes colaboraciones en radios locales; la nueva revista Cuatrovientos y nuestra entrañable, divertida y educativa participación en la radio escolar, Radio La Canal, nos dábamos por satisfechos al poder hablar y hacer educación ambiental allí donde nos lo han permitido.

Este nuevo sendero que comenzamos a transitar viene a complementar y a reforzar el proceso en el que estamos inmersos de divulgación y esperamos que la imagen, junto a la palabra, nos sirva para amplificar el alcance de estos mensajes que, como semillas, gotitas de agua, migajas de pan, vamos dejando por donde pasamos. Quizá algún día florezcan y nos den sombra, nos calmen la sed, se conviertan en torrente y nos recuerden el camino de vuelta a casa.

A estas alturas, en la era de la información y de las redes sociales, no vamos a inventar nada. Sabemos de nuestro limitado y ridículo alcance. Así que seguiremos haciendo lo mismo que hasta ahora, sumando de forma constante, aprovechando estos espacios que nos brindan y nuestros esfuerzos personales, para seguir aprendiendo a mirar, que no a ver, el mundo que nos rodea, la sociedad que hemos creado, con una visión naturalista, conservacionista, holística, ecológica y ecologista.

Como proceso transversal que es, invitaremos a todas aquellas personas que trabajan desde las administraciones, las empresas privadas de todos los sectores, los centros de enseñanza a todos los niveles, desde la ciencia, a título personal o los colectivos sociales que nos puedan mostrar otra forma de relacionarnos con nuestro entorno; a buscar las soluciones necesarias para minimizar nuestros impactos; a proponer alternativas a las formas de organizarnos; a decirnos las verdades que no queremos escuchar; a ofrecernos nuevas herramientas, conocimientos, para potenciar nuestras habilidades, cambiar nuestras actitudes, valores y aptitudes, y a motivarnos para que tomemos la determinación de actuar de forma individual y colectiva por el bien común.

En estos tiempos que corren, donde seguimos matando, sometiendo y esclavizando por barriles de petróleo, por multiplicar beneficios en las cuentas de resultado, por invadir nuevos países, intercambiando dictadores, dejando a la inteligencia artificial pensar por nosotros y presumiendo de seguidores virtuales, la educación ambiental es más necesaria que nunca.

Por eso estamos ilusionados con este nuevo proyecto, y porque comience en el mes de la educación ambiental, que como cada año se presenta intenso, y que nos sirve para no dejarnos arrastrar por el pesimismo de la resaca navideña, la cuesta de enero, el frío invernal y el día más triste del año, que te aviso, para que estés prevenido, es el próximo lunes, aunque a los madridistas se les haya adelantado.

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