Opinión

¡Papá, no vengas en tren!

Juan Torrijos Arribas | Jueves 22 de enero de 2026

Saltaron las vías, y con ellas se fueron la vida de más de cuarenta españoles. El ministro Óscar Puente sonreía al comenzar la rueda de prensa, y buscaba de nuevo sabotajes y extraños sucesos ante lo ocurrido, supongo que intentando señalar a la extrema derecha, a la que echarle la culpa de todo lo malo que se está viviendo en nuestro país. Las primeras fotos que nos llegan a través de las redes sociales, las malditas redes para los políticos en el poder, nos enseñaban ese trozo de vía roto, abierto en canal en Adamuz.

Las opiniones de los técnicos nos hablaban de soldaduras, de maquinistas que avisaron hace meses de esos raíles que unen Andalucia con la meseta castellana. Y mientras nos llegaban esas notas que ponían de los nervios a los responsables de Adif y del gobierno, el número de muertos seguían aumentando, de los veinte se llegaba a los treinta, a los cuarenta. Y lo triste es que seguirán aumentando.

Lo aclararemos hasta sus últimas consecuencias, decía el presidente del gobierno. Y cuesta trabajo creerlo, cuando se mira de soslayo lo sucedido tras la gota fría de Valencia, y no se han llegado ni a cincuenta las viviendas ofrecidas por el gobierno a los damnificados. Cada minuto que pasa nos vamos enterando de nuevas noticias que afectan a Adif y al ministro de los trenes, ese que decía que los ferrocarriles españoles estaban viviendo una época dorada. Es evidente que para aquellos que han recibido adjudicaciones de Adif, de oro se estaban haciendo sus cuentas corrientes con los trenes de alta y baja velocidad.

Y mientras la consternación iba llegando a los miles de hogares españoles, una idea iba calando en la mente de millones de españolas. Desde el actual gobierno han desaparecido cuerpos de la GC que defendían nuestras costas andaluzas del narcotráfico, y en julio del año pasado, según la prensa, se suprimió la Unidad de Prevención y Seguridad de Infraestructuras de Adif. Si esto es así, si se puede demostrar, es de esperar que la justicia, no la de Sánchez, ni la Pumpido, ni la de esos fiscales puestos a dedo por el gobierno tan poco fiables, hagan pagar a los responsables por la muerte de más de cuarenta compatriotas.

No me creo todo lo que dicen las redes sociales, imagino que a ustedes les ocurre lo mismo, pero cuando te anuncian los cientos de millones que le hemos dado a otros países para la conservación de sus ferrocarriles, siente uno pánico ante los gobernantes que tenemos. Son capaces de poner en peligro a los españoles, gastándose el dinero de nuestros impuestos en la seguridad de ciudadanos de otros lugares del planeta. Está bien que ayudemos a los demás, la solidaridad es necesaria entre los hombres del planeta, pero, sin poner en peligro a los nuestros. Y eso ocurrió con los vecinos de Valencia, cuando no se hicieron las obras necesarias y reclamadas durante años, y en este terrible accidente de Adamuz al no hacerle caso a los informes de los maquinistas de hace meses o cuando se suprimen unidades para controlar la prevención y seguridad de las infraestructuras ferroviarias.

38 veces, 38, nos aseguran que se revisaron las vías de Adamuz antes del accidente. Los técnicos encargados de la revisión nos dicen que llevaban las gafas puestas.

No es solución que el ministro Puente dimita, que no lo va a hacer, es necesario que Sánchez convoque de una vez elecciones generales y el ministro responda ante la justicia por poner en peligro a los viajeros de los trenes españoles.

Uno recuerda cuando se decía: ¡Papá, ven en tren! Hoy, si es posible, papá, porfa, no vengas en tren. Por lo menos mientras siga al frente de ellos un tal y sonriente Óscar Puente.

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