Opinión

El enemigo del amigo

Rafael M. Martos | Sábado 24 de enero de 2026

A veces, uno observa la política con la misma perplejidad con la que un agricultor mira una nube de paso en mitad de la sequía: con desconfianza. Aquí sabemos bien lo que es que nos prometan el oro y el moro mientras los fondos se quedan por el camino, pero lo que resulta verdaderamente fascinante es el baile de máscaras que se traen en las instituciones donde, supuestamente, se decide nuestro destino.

Hablemos de Vox. Ese partido que desembarcó con la promesa de ser el azote del sanchismo y que, a la hora de la verdad, parece tener una fijación casi erótica con dinamitar cualquier puente que huela a Partido Popular. Para el partido de Santiago Abascal, el enemigo no parece ser la "izquierda radical" ni el "sanchismo devorador", sino ese vecino de bloque, el PP, al que prefiere ver despeñado antes que compartiendo rellano.

La hemeroteca, esa cruel enemiga de los relatos épicos, nos recuerda aquel episodio del Real Decreto-ley 36/2020. Sí, el de los fondos de Resiliencia. Mientras la Comunidad Autónoma de Andalucía y el resto de Comunidades pedían a gritos una gestión descentralizada o, al menos, una comisión independiente que evitara el reparto a dedo desde Moncloa, Vox decidió que lo mejor era dejarle las llaves de la caja fuerte a Pedro Sánchez. Con su abstención "técnica" (que es lo mismo que una abstención, que tiene los mismos efectos, y solo busca camuflar la vergüenza que da abstenerse), permitieron que el Gobierno central gestionara el 100% de los fondos a su antojo. Un movimiento magistral si lo que pretendes es criticar la falta de transparencia del PSOE mientras le entregas el foco para que la gestione.

Pero el idilio táctico no acaba en las fronteras del Estado. En el Parlamento Europeo, el espectáculo es digno de una comedia de enredos. Recientemente, hemos visto a los eurodiputados de Vox, capitaneados por Jorge Buxadé, votando de la mano del PSOE contra la reforma de la Ley Electoral Europea. ¿El motivo oficial? Cuestiones de soberanía. ¿La realidad? Coincidieron con el sanchismo en frenar un umbral mínimo que hubiera puesto en aprietos a los socios nacionalistas del Gobierno.

Y si lo de la ley electoral les parece poco, miren hacia el acuerdo UE-Mercosur. Ahí los tienen: Vox votando junto a Sumar, ERC y el BNG para llevar el tratado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Una pinza de manual para paralizar un acuerdo comercial, colocándose enfrente del Partido Popular y dejando claro que, si hay que abrazarse a la extrema izquierda para incordiar a los populares, se hace con gusto y sin lavarse las manos después.

Esta estrategia del "cuanto peor, mejor" tiene su laboratorio actual en Extremadura. La intransigencia mostrada ante María Guardiola no parece buscar la estabilidad de un gobierno alternativo al socialismo, sino el asalto total al espacio del PP. Prefieren forzar nuevas elecciones, mantener la inestabiliad de la Comunidad, con el único fin de empujar a unas nuevas elecciones en las que esperan ganar un poco más de terreno y ponérselo aún más coplicado a Guardiola. Que eso bloquea el presupuesto extremeño... da igual. Que eso mete incertidumbre en los sectores productivos extremeños... da igual. Que las instituciones se paralizan porque ellos quieren rebañar más votos... da igual.

Es una estrategia perversa: prefieren reinar sobre las cenizas de una legislatura que ser el socio constructivo de una alternativa.

Vox ha decidido que su guerra santa no es contra el sanchismo, sino contra el Partido Popular. Y en ese empeño por derrocar a sus socios, no tienen reparo en convertirse en el mejor aliado táctico de aquellos a quienes dicen combatir. Parece que en el manual de estilo de Abascal, el enemigo de mi enemigo es mi amigo... a menos que sea el PP, en cuyo caso, mejor votar con los de la acera de enfrente

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