Camino sobre una fina línea y, dependiendo de dónde ponga el pie al levantarme, veo el mundo y el futuro de forma optimista o pesimista. Cuando llevo mucho tiempo en cualquiera de los lados, mi cerebro me manda una señal de alarma para que no me rinda, me deje llevar, me acomode o termine perdido para siempre. Así que, instintivamente, aunque me ofrece un frágil equilibrio, vuelvo a la línea que marca mi rumbo; me separa del vacío y me ofrece una gran variedad de posibilidades, alternativas y soluciones.
Cada uno tenemos nuestra línea; la mía se llama Educación Ambiental y esta semana celebramos el Día Mundial que la conmemora, por lo que estoy en el lado de la carita verde sonriente que me guiña el ojo. Al contrario que la semana pasada, que veía el mundo lleno de matones ante los que poco podíamos hacer, salvo ceder a sus amenazas y chantajes.
Hoy, gracias a los vecinos de Adamuz, la solidaridad del resto del país, la colaboración entre administraciones y la tregua de nuestros dirigentes ante la tragedia, vuelvo a confiar en la humanidad, porque nos ha demostrado que desde el individuo, desde lo local, pero pensando en lo global, lo común, lo que nos une y nos hace fuertes, podemos reconducir nuestros valores y actitudes ante la incertidumbre y buscar nuevos pilares sobre los que sustentar las sociedades del futuro.
Sensación que se ha visto reforzada al recordar que esta semana también se celebra el Día Internacional de la Energía Limpia, el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre y el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. Es verdad que esto de las efemérides es algo simbólico, pero invadido por esta sensación de euforia, he visto en esta casualidad una señal para resistir, combatir y plantar cara ante la sinrazón del capital y el imperialismo yanqui; y el ego, la avaricia, la soberbia y la ignorancia de su actual presidente, que aunque pueda parecer una caricatura, un loco fuera de control, encarna a la perfección los valores, principios y el ADN de los EE.UU. a lo largo de su corta historia, apenas de 250 años, manchada de traiciones a la patria, exterminios, genocidios, invasiones y robo sistemático de los recursos naturales de otros territorios para beneficio propio.
Los movimientos del dictador y negacionista Trump, basados en mantener su hegemonía a través del negocio de la guerra y el control del petróleo, son obsoletos. Por eso, los países que miran al futuro, a los que Europa debe aliarse, como China, la India o Canadá, están haciendo una apuesta por potenciar sus oportunidades, crecer individualmente, pero pensando en la estabilidad global, que nos beneficia a todos.
Lo contrario a la globalización impuesta por los americanos, que nos han hecho perder nuestra cultura, principios e independencia para terminar sometidos, esclavizados, a sus caprichos e intereses. Si no tenemos y no queremos combustibles fósiles, las energías renovables son la apuesta obligatoria, y si conseguimos la independencia energética, gracias a los adelantos tecnológicos, viviremos sin miedo a las amenazas y las falaces promesas de paz a través de la guerra, además de que protegeremos el planeta en el que vivimos.
No se preocupen por mí, no me compadezcan aún por mi inocencia; ya les dije que mi cerebro, infectado del virus de la duda y escarmentado por la experiencia, me hace volver a la línea madre, anclada a la realidad, nunca a la deriva, previniéndome del exceso de azúcar, los efectos del shock, la anestesia, el duelo y el consuelo, la comodidad de las nubes de bonitos colores y los trileros y vendedores de humo.
Pero ya les adelanto, por si quieren evitarme, que si se cruzan conmigo esta semana, me encontrarán con las baterías cargadas por la adrenalina de los “Domingos del barrio amable” y sus reivindicaciones por devolvernos las calles invadidas por el coche; por el entusiasmo de estar colaborando en la organización de la limpieza de playas en Rambla Morales del día 1 de febrero, las jornadas para celebrar el día de los Humedales al día siguiente y el mes de la literatura y la educación ambiental que celebraremos en marzo y abril. Y por la suerte de poder seguir aprendiendo a mirar, siguiendo la línea, por los cuatro bosques de Murgi, en Radio La Canal y con los cuentos del mar de Alborán y el recién llegado de imprenta “El Corazón del Gigante, el lugar donde nacen los seres mágicos”.