El capitalismo de Estado o el capitalismo de mercado, este es el debate de nuestro era, una vez superado el comunismo, con la caída del muro de Berlín como imagen icónica del desplome, lo describe mucho mejor Francis Fukuyama. Por lo tanto el debate actual hay que enmarcarlo entre capitalismo de estado y capitalismo de mercado, aunque algunos debates sigan con la disyuntiva capitalismo o comunismo, simplemente para colocar consignas políticas simples con un marco ficticio y anacrónico. El debate real actualmente lo podemos encarnar en los economistas Friedrich Hayek y John M. Keynes, el cual se definió como el debate del siglo. En los últimos años este debate se ha ido superando, pues las posiciones más radicales de cualquiera de las dos posturas, tenemos ejemplos claros, coartan la libertad y derechos de los ciudadanos, en algunos casos la palabra no es coartar, más bien sería despreciar. La solución que se está imponiendo, es reconocer las fortalezas complementarias del mercado y del Estado y la necesidad de ambos, cada uno con sus funciones, y preferiblemente sin interferir el uno en las funciones del otro.
Sin duda la Unión Europea esta caminado en este sentido, realmente creo que a veces no somos conscientes de vivir en la región mundial más civilizada del mundo, un camino no exento de dificultades, errores propios y ataques de países con posiciones más radicales de ambos polos. Y en España en particular debemos reconocer que no nos ha ido muy mal en algunas cuestiones básicas, los datos macro-económicos de España no son discutibles y están avalados por todos los organismos internacionales competentes, el crecimiento continuado del producto interior bruto, lo hace estar en máximos históricos, el número de empleados totales también es un récord absoluto y el paro ha bajado de dos dígitos por primera vez desde 2008, antes de la crisis financiera.
Pero debemos reconocer que tenemos un problema, el ciudadano no percibe en su economía familiar este crecimiento, el pib per capita que también ha crecido, no lo ha hecho al mismo ritmo, dado que el crecimiento del pib ha venido acompasado fundamentalmente por el incremento de población en estos últimos años. La mitad del crecimiento del PIB ha venido determinada por la creación de empleo, y la otra mitad por la inversión de capital y el incremento de la productividad.
La productividad, en este escenario, es el parámetro en el cual debemos incidir en los próximos años, y una buena estrategia es impulsar los sectores económicos de alto valor añadido y se está trabajando en ello, con planes estratégicos impulsados por la Unión Europea y el Gobierno de España, en sectores como los tecnológicos, biomédicos, farmacéutico, energético, entre otros, que aportan un alto valor añadido y que si logramos que tengan un peso importante en nuestra economía, nos ayudará a dar un salto importante en la productividad y consecuentemente un aumento del pib y del pib per capita, pero estos planes van todavía a un ritmo demasiado lento, lentitud no solo atribuible a la Unión Europea y al gobierno central, también a las comunidades autónomas y ayuntamientos.
Otro de los problemas clave es el precio de la vivienda, sigue subiendo sin cesar y la capacidad de compra e incluso de alquiler de los ciudadanos, está al límite en muchos casos y para otros lamentablemente se hace totalmente prohibitivo, sobre todo en las ciudades con mayor capacidad de captar inversión y generar trabajo. Se está empezando a actuar en el plano normativo pero vamos lentos en la ejecución y tarde, llevamos muchos años sin hacer nada en este sentido y las consecuencias están siendo devastadoras. Y desde luego no se está trabajando en un asunto definitivo, la descentralización de los centros de trabajo, esto es esencial en el mercado de la vivienda, mientras los centros de trabajo se vayan agrupando en las mismas ciudades y no se localicen en distintas ciudades y municipios, el precio de la vivienda seguirá siendo un problema creciente.
Joseph Stiglitz, premio nobel de economía en 2021, aboga por la democracia liberal y el modelo del capitalismo de mercado con la regulación estatal. Por aplicar las fortalezas del mercado y el estado para conseguir que el desarrollo económico produzca una mayor cohesión social y el bienestar de los ciudadanos. Pero ante la situación geopolitica actual, nos ha dejado esta frase,“Lo que preocupa es que la globalización esté produciendo países ricos con población pobre”. Stiglitz ha sido una de las voces más críticas con el llamado consenso neo-liberal o ‘Consenso de Washington’. No está en contra de la globalización pero su propuesta reformista pasa por reglas más justas, instituciones internacionales más democráticas y una economía orientada al bienestar social.
Estas palabras parece que no tienen mucho eco en el nuevo orden mundial, y es que como decía el grandísimo José Saramago, ¨el pueblo solo se convence de lo que quiere convencerse¨.