Opinión

Pues sí que hay presos políticos

Rafael M. Martos | Domingo 08 de febrero de 2026

Parece que el aire de Caracas tiene propiedades místicas, una suerte de bálsamo sanador para la amnesia selectiva. Tras años de equilibrismo retórico y de evitar términos "incómodos", José Luis Rodríguez Zapatero ha experimentado una epifanía democrática en su último viaje a Venezuela. Resulta que, de pronto, el expresidente español ha descubierto que en el país caribeño existen —¡oh, sorpresa!— presos políticos.

La revelación no ha venido por una iluminación divina, sino por una cuestión de pura semántica legislativa. El pasado jueves, la Asamblea Nacional de Venezuela, bajo la batuta de la ahora todopoderosa Delcy Rodríguez, aprobó en primera lectura una Ley de Amnistía. Y claro, hasta para un mediador tan creativo como Zapatero, resulta físicamente imposible amnistiar a alguien que no está preso por sus ideas. Si hay amnistía, hay reconocimiento de la culpa del carcelero. Es el fin de ese "relato" de normalidad institucional que el exmandatario ha intentado vendernos durante una década, mientras seguíamos preguntándonos qué le veía exactamente al régimen de Maduro más allá del clima.

Pero lo más fascinante de este "nuevo momento político" no es el despertar ético de Zapatero, sino la curiosa coincidencia cronológica entre su labor de "mediador" y la salud financiera de su entorno más íntimo. Mientras él pasea por los pasillos de Miraflores con la presidenta encargada, los informes de la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal) nos ofrecen una lectura mucho más prosaica y menos romántica de sus viajes.

Se ha publicado recientemente que la empresa Análisis Relevante, propiedad del empresario Julio Martínez, regó las cuentas del expresidente con unos 555.700 euros por servicios que la policía sospecha que fueron simulados. Casualmente, Martínez es una figura clave en el polémico rescate de 53 millones de euros que el Gobierno concedió a la aerolínea Plus Ultra, una compañía con un capital tan venezolano como los negocios que ahora se investigan.

La trama se vuelve aún más entrañable cuando entra en juego la familia. La empresa de las hijas de Zapatero, Whathefav (antes conocida como What About Music), captó como cliente a la citada Análisis Relevante precisamente en septiembre de 2021, el momento justo en que la aerolínea Plus Ultra iniciaba sus trámites de auxilio financiero. Es encomiable ver cómo el talento para el marketing de las herederas del expresidente florece al mismo ritmo que las gestiones diplomáticas de su progenitor. Todo queda en casa, o mejor dicho, todo queda imbricado en una red de intereses donde la mediación política y el beneficio mercantil parecen ser las dos caras de una misma moneda de curso legal en Caracas.

Resulta especialmente pintoresco observar este modelo de negocio basado en la "influencia": se presiona en los despachos, se asesora a una dictadura que ahora se reconoce como tal a través de la amnistía, y el dinero fluye hacia sociedades de consultoría y marketing familiar.

Zapatero defiende que su labor es "conforme a la legalidad" y que sus ingresos son por "actividad privada". Faltaría más. Lo que no puede pretender es que nos traguemos que su presencia en Venezuela responde únicamente a un espíritu altruista de reconciliación. El "antes y un después" que él vaticina con la amnistía es, en realidad, la confirmación de lo que todos sabíamos: que el blanqueamiento político suele llevar aparejado un buen tinte de billetes.

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