Opinión

Caza mayor

Rafael M. Martos | Jueves 12 de febrero de 2026

En política, como en la pesca de bajura, el tamaño de la pieza determina quién sujeta la caña. Si lo que hay al otro lado del sedal es un Delegado Territorial de la Junta de Andalucía y, para más inri, el Secretario General del Partido Popular de Almería, lo lógico es que el patrón de la embarcación socialista, José María Martín, asomara por la borda para cobrarse el trofeo. Sin embargo, el pasado martes, en la sede del PSOE de Almería, la maniobra olía más a descarte que a gran captura.

Resulta curioso que una presunta irregularidad de lo que en el escalafón político se considera «caza mayor» fuera despachada por Mateo Hernández, parlamentario andaluz, y no por el propio Secretario General provincial o su Secretario de Organización, Nicolás Ayala. En el periodismo de colmillo retorcido, esto se conoce como la técnica del "pararrayos": si la denuncia tiene la consistencia de un helado de los de antes bajo el sol de agosto en la Plaza de las Velas, mejor que el jefe no se manche los zapatos.

El objeto del escándalo, según el argumentario socialista, es la supuesta incompatibilidad de Francisco González Bellido. El pecado: haber tenido la osadía de trabajar antes de llegar a la administración pública. González Bellido, un político joven que antes de cobrar un sueldo público de 800 euros como concejal en su pueblo ya sabía lo que era ser camarero y sacarse varios másteres universitarios, cometió el «desliz» de fundar una empresa con amigos a los veintipocos.

Lo que el PSOE intenta vender como una trama de sombras es, en realidad, un ejercicio de transparencia administrativa que roza lo aburrido. Nada más ser nombrado para el cargo en la Junta de Andalucía, Bellido no escondió sus acciones bajo el colchón; hizo lo que haría cualquiera que no quiera líos: preguntar por escrito a la propia Administración autonómica detallando su caso: soy socio de una empresa, en la que no tengo cargo alguno y para la que tampoco trabajo, que ocasionalmente ha trabajado para la Diputación. El informe fue claro: existe una ley de incompatibilidades que otorga un margen de dos meses para regularizar situaciones empresariales y debía deshacerse de sus acciones. Y Bellido, ante notario, se deshizo de su participación en tiempo y forma, y cuando presentó su declaración de intereses no lo mencionó porque ya no tenía esos «intereses».

Pero claro, la palabra mágica es «Diputación».

La empresa en cuestión había concurrido a una licitación de la Diputación de Almería mucho antes de que él supiera siquiera dónde iba a estar su despacho en la capital. Cuando el contrato se adjudicó, Bellido ya no tenía ni voz, ni voto, ni acciones, ni un triste bolígrafo de esa sociedad.

El intento de vincular este trámite administrativo con el llamado «Caso Mascarillas», que mantiene bajo el foco judicial al ya expresidente de la institución provincial, Javier Aureliano García, es una pirueta dialéctica digna de los mejores tiempos del Circo del Sol. Como la empresa de Bellido contrató con la Diputación en años recientes, el PSOE pretende que el lodo salpique por proximidad geográfica y temporal, obviando que esa misma empresa también prestó servicios a ayuntamientos gobernados por socialistas en la provincia. ¿Significa eso que esos alcaldes también están en el ajo? Según la lógica de Mateo Hernández, supongo que dependerá del día de la semana.

El fondo de la cuestión es tan simple que asusta: se trata de manchar la figura del nuevo Secretario General del PP almeriense utilizando el manual de «primero de demagogia». Parece que molesta que alguien llegue a la política con la vida resuelta fuera de ella, con títulos que no son de regalo y con cotizaciones a la Seguridad Social que no dependen de un carné de partido.

Si el PSOE estuviera convencido de que hay una irregularidad real en el Estado de derecho que nos rige, José María Martín habría ocupado todos los titulares. Pero como saben que el recorrido de esta denuncia es más corto que la sombra de un hito en la autovía del Mediterráneo a mediodía, han preferido enviar a la infantería... si los socialistas tuviesen claro que hay tema, otro gallo habría cantado.

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