Economía

COAG reclama un auxilio inmediato ante el descalabro del campo por el temporal

El sector agrario provincial exige ayudas directas y flexibilidad administrativa para evitar la quiebra tras perder más de la mitad de su producción

Viernes 13 de febrero de 2026

La estabilidad económica de Almería se tambalea bajo el peso de una crisis climática que ha golpeado con una dureza inédita a sus principales motores económicos. El campo almeriense, asfixiado por el paso continuado de borrascas que han encadenado destrozos sin dar tregua, se encuentra hoy en una situación de vulnerabilidad extrema. Los cálculos preliminares son desoladores, con una caída de la producción que ya supera el 50% y un tejido productivo que se ve incapaz de remontar sin una intervención pública contundente. Ante este escenario, los representantes de los profesionales del sector han alzado la voz para exigir que las administraciones autonómica y central no dejen fuera a la provincia de los planes de rescate.

La voz de alarma la ha dado Andrés Góngora, secretario provincial de COAG Almería, quien subraya que el clima extremo está “pasando factura también a la agricultura y a la ganadería de nuestra provincia”. El dirigente agrario insiste en que no basta con las ayudas genéricas previstas para el resto de la comunidad, sino que es imperativo que las instituciones pongan sobre la mesa medidas específicas para el territorio almeriense. El objetivo es claro: proteger al agricultor y ganadero de carrera, aquel que depende exclusivamente de su explotación y que ahora mismo carece de recursos para recuperar su capacidad productiva y continuar con su actividad.

El impacto de las lluvias y vientos persistentes ha generado una crisis transversal que no entiende de especializaciones. En el ámbito ganadero, la situación es dramática; a la muerte de ejemplares por las inundaciones se suma el colapso de infraestructuras y un encarecimiento insostenible de los costes alimenticios, ya que los animales no han podido salir a pastar. Esta nueva embestida llega cuando el sector apenas comenzaba a recuperarse de crisis sanitarias previas como la lengua azul, lo que agrava aún más la precariedad de las granjas.

Por otro lado, los cultivos de secano y el cereal se enfrentan a un año en blanco. Las tierras anegadas han impedido tanto la siembra como la viabilidad de lo ya plantado, lo que supone una pérdida total de ingresos para este ejercicio. Ante la imposibilidad material de cumplir con los requisitos habituales de las subvenciones europeas, el responsable provincial aclara que están “demandando máxima flexibilidad en las declaraciones de la PAC ante la imposibilidad de dar respuesta a determinados compromisos”.

La horticultura, emblema de la provincia, tampoco ha salido indemne. El viento ha derribado estructuras de invernaderos de todo tipo, dejando a cientos de familias sin su sustento, mientras que la humedad constante ha disparado las plagas y enfermedades fúngicas, mermando la cosecha a menos de la mitad que el año pasado. En este sentido, Juan Luis Ávila, representante de la organización a nivel regional, advirtió ayer de que no sirven los parches temporales frente a una climatología que ha cambiado para siempre. Según Ávila, la solución pasa por un plan de apoyo robusto que facilite la modernización de las instalaciones y garantice la supervivencia del sistema productivo de forma inmediata.

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