Opinión

Nuestros problemas y los suyos

Rafael M. Martos | Viernes 20 de febrero de 2026

Parece que en los despachos de Sevilla y Madrid se sufre de una sordera selectiva que ni el aire de Poniente logra despejar. Mientras la clase política se desgañita con debates sobre el cambio climático, el burka, la corrupción o el último giro de guion en la crispación parlamentaria, los datos del reciente barómetro de Social Data para Publicaciones del Sur caen como un jarro de agua fría sobre la moqueta de las instituciones. Resulta que los problemas no coinciden, ni por asomo, con el orden del día de sus señorías.

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El panorama es meridiano: la sanidad se ha convertido en el auténtico dolor de muelas del 23% de los andaluces. No es para menos cuando la gestión de la Consejería de Salud hereda un clima de protestas por el sonado escándalo del retraso en el cribado de cáncer de mama, una crisis que ha hecho que el temor a la privatización deje de ser un eslogan de pancarta para convertirse en una sospecha razonable de quien espera meses por una cita. Es curioso que, mientras el Presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, presume de gestión, casi uno de cada cuatro ciudadanos señale al sistema sanitario como su principal vía crucis, pero al tiempo, siendo el líder más conocido, es también el mejor valorado.

Pisándole los talones a la salud, aparece la vivienda con un 17,9%. En una provincia como Almería, donde ver una grúa es a veces un espejismo y el precio del alquiler compite con el de la luz, el dato no sorprende. El desempleo, ese viejo conocido que se resiste a abandonar el podio, completa la tríada con un 13,6%. Lo sarcástico del asunto llega cuando observamos en qué gastan la saliva los políticos: el cambio climático y el turismo masivo apenas quitan el sueño al 0,7% de la población. La crispación política, ese deporte nacional que practican con tanto ahínco Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, solo es el problema principal para un irrelevante 1,3%. Al final, parece que los gritos en el Congreso tienen menos audiencia real que un partido de regional preferente.

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Mención aparte merece el mantra de la inseguridad y la inmigración. Se nos intenta vender un apocalipsis diario, pero los datos son tozudos: la inseguridad ciudadana solo preocupa al 2,4% y la inmigración al 7%. Si tenemos en cuenta que la pobreza apenas es la prioridad para el 1,5% y los sueldos bajos para el 2,8%, queda claro que hay una desconexión matemática en el relato oficial. Quien vincula inmigración con inseguridad debería revisar sus apuntes, porque la preocupación por la primera triplica a la segunda; es decir, la gente no asocia necesariamente la llegada de personas con el miedo a ser atracado, por mucho que algunos se empeñen en mezclar churras con merinas.

La realidad es que todo está interconectado por el bolsillo. Si a alguien le preocupa la vivienda es, probablemente, porque su sueldo —ese que solo preocupa "directamente" al 2,8%— no da para pagar un techo digno, o porque el 13,6% del paro le ha cortado las alas. La trampa de las encuestas es que nos obligan a elegir un solo "principal problema", ocultando que el coste de la vida (7,3%) es la sombra alargada que proyecta el desempleo y la precariedad. Mientras tanto, en las altas esferas se sigue debatiendo sobre entelequias, ignorando que en Almería y en el resto Andalucía, lo que urge es que el médico te vea a tiempo y que el sueldo no se evapore antes de llegar a la puerta del supermercado. Poner los puntos sobre las íes es, en este caso, reconocer que el ciudadano va por un camino y el coche oficial por la autopista de enfrente.

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