El sector editorial en la provincia de Almería presenta una vitalidad singular, situándose como uno de los puntos geográficos con mayor índice de publicaciones anuales. Así lo ha destacado Roberto Manzano, máximo responsable de la editorial almeriense Hojas Monfíes, durante su intervención en el programa Almería de Cerca de 7TV Almería. Según Manzano, aunque gran parte de este volumen se debe al fenómeno de la autoedición, existen proyectos como el suyo que apuestan por una línea editorial de nicho, centrada en autores y temáticas estrictamente vinculadas a la realidad andaluza.
La editorial, que suma ya seis años de trayectoria, nació con la vocación de cubrir un espacio vacío en el mercado, centrando su actividad en una "apuesta por lo local, por lo andaluz, y desde lo andaluz, también una apuesta para Andalucía", tal y como ha explicado su responsable en el plató de la televisión local. Lo qu también ha dejado claro es que están abiertos a cualquier otro proyecto literario no relacionado con la política, siempre que el manuscrito que se les presente cumpla ciertos estándares de calidad.
A lo largo de su trayectoria, Hojas Monfíes ha puesto en el mercado aproximadamente veinte títulos que huyen de la literatura convencional para centrarse en el ensayo político, histórico y social. Manzano reconoce que "vender libros hoy en día es bastante difícil", especialmente cuando se aborda un contenido con un enfoque "soberanista andaluz" y muy comprometido con los procesos históricos, el habla y las costumbres de la comunidad. Entre sus obras más destacadas se encuentra Andalucía, un basurero del Estado español, de Manuel Rodríguez Illana, un trabajo periodístico que denuncia la problemática ambiental y minera, citando ejemplos como el cementerio nuclear de El Cabril o el polo químico de Huelva. Para el editor, el propósito es claro: dar voz a una historia compuesta por andaluces y dirigida específicamente al público de esta tierra.
Otro de los pilares de la editorial es la defensa de la identidad lingüística, ejemplificada en la obra Lengua, Dialectos, Hablas, de Juan Carlos Moreno Cabrera, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Manzano ha señalado que el libro profundiza en cómo las categorías de lengua o dialecto responden a criterios políticos y no científicos, afirmando que "el andaluz es un dialecto porque el centro de poder no está aquí y nos tratan como un subproducto de una lengua principal".
Esta visión crítica se extiende también a la política internacional, con publicaciones de gran éxito como la de una autora palestina sobre el impacto de la ocupación en la población infantil, una obra que ha alcanzado ya su segunda edición en la provincia debido a la alta demanda y sensibilidad social sobre el conflicto.
El funcionamiento de Ojan Monfíes se basa en una estructura de voluntariado donde "no cobra nadie", ya que las cuatro personas que integran el equipo trabajan de forma altruista en lo que definen como una "guerrilla cultural". El nombre de la editorial rinde homenaje a los monfíes, los guerrilleros que se opusieron al reino de Castilla tras la conquista de Granada, comparándolos con los maquis de la época pero "con turbante".
A pesar de su carácter modesto y militante, la distribución de sus libros es profesional, operando a través de AZ, la mayor distribuidora de Andalucía con sede en Granada, lo que permite que las obras editadas en Almería lleguen a librerías de todo el Estado español, despertando especial interés en territorios como Cataluña, el País Vasco o Madrid.
Respecto al futuro, la editorial no descarta abrirse a nuevas fórmulas como la autoedición financiada por el autor, una modalidad muy asentada en la provincia de Almería, ni a géneros como la poesía o la narrativa si los manuscritos encajan en su línea ideológica. Manzano ha confesado que uno de sus grandes retos es realizar una edición íntegramente en andaluz, una propuesta que ya han trasladado a diversos expertos.
En cuanto a la viabilidad económica del sector, el editor ha detallado el complejo reparto de costes, señalando que las distribuidoras suelen quedarse con un 50% o incluso un 55% del precio de venta en grandes superficies, lo que sumado a los costes de imprenta —especialmente elevados en tiradas pequeñas— y la maquetación, hace que la edición independiente sea un ejercicio de resistencia cultural en la provincia.