El deseo de María Cassinello.
(Que Antonio Jurado hizo realidad)
Al cabo de treinta o cuarenta años me vuelvo a sentar frente a él. Nos hemos echo mayores, Antonio.
–Los años, que no perdonan.
Conocí a Antonio Jurado Acosta allá por los años setenta y tantos, él andaba metido en Tierras de Almería, y uno repartía voces por tierras catalanas, recordando a los almerienses, a los andaluces, lo mucho que nos esperaban nuestras familias abandonadas. A la vuelta a casa, eran los ochenta, fue su hermana, Remedios Jurado, la que atraía el interés informativo de la época. Se nos fue demasiado joven aquella mujer que, dedicada a la política, se había convertido en un referente de la derecha almeriense, y muy especialmente en la zona del Almanzora.
La última imagen que tenía de Antonio Jurado, lejana de aquellos años ochenta, antes de su periplo sevillano donde le perdí la pista, fue en Almerimar, donde vivía. Hoy estamos en una cafetería, esperando el desayuno pedido al camarero. Es una sensación de esperanza, de volver a vivir aquellos casi olvidados años, los que nos hacen sentir que seguimos vivos, que aún hay ilusiones en los próximos por vivir.
Nos dejamos llevar por los recuerdos, y le dimos un buen repaso a aquellas vivencias. El trabajo, la política de la familia y el deseo inolvidable, que se hizo realidad, de crear la Asamblea de La Cruz Roja en El Ejido. No recuerdo bien, me cuenta, si era marzo o abril, lo que tengo grabado en mi memoria, con todos los recuerdos que la vida se ha llevado, es la voz de la persona que sonaba al otro lado de la línea.
–Antonio, me tienes que ayudar, me tienes que echar un mano.
–María, lo que tú me pidas.
Era María Cassinello, la presidenta de la Cruz Roja de Almería.
–Tenemos que crear la Asamblea en El Ejido.
–Hay cosas que no se olvidan nunca, Juan. Voces que siguen sonando como si las hubieras escuchado ayer, como esa música con la que te levanta todos los días y que te hace caminar, bailar y luchar por los demás. La voz de María para mí fue eso, la música que me hacía levantar cada mañana con la ilusión de lograr lo que ella me había pedido: La Asamblea de la Cruz Roja de El Ejido.
Y aquí están, con el esfuerzo diario de Paco Criado, aquellos que siguieron el trabajo de los primeros voluntarios, dispuestos a rendirles un homenaje el próximo catorce de marzo, a las veinte horas, en el hotel Victoria, donde se hablará de ellos, se recordarán aquellos primeros tiempos, y como no, de los voluntarios que se pusieron al frente de una hermosa tarea como fue la creación de la Cruz Roja ejidense.
–Si te soy sincero, Juan, no fue difícil. Allí estaban José María Cuadrado Ruano, Moisés Gómez Martínez, Manuel Castaños Pérez, Marcos Zenón Martín Fernández, Juan Manuel Cantón Fernández y Francisco Criado Ruiz. Ellos fueron la base de aquel deseo, aquel afán que hizo crecer dentro de mí la voz de María: “Me tienes que ayudar a crear la Asamblea de Cruz Roja en El Ejido”. Años después, más de cuarenta, la ilusión que nació en aquellos ochenta, con el apoyo de muchos ejidenses que nos ayudaron en aquella tarea, se ha convertido en una gran realidad. Sé que me dejo muchos nombres que nos ayudaron, que se pusieron a nuestro lado, que aportaron cariño, trabajo y locales para aquellos primeros pasos que dimos en el pueblo. Hoy me siento feliz, y solo echo de menos el que María Cassinello no esté esa noche con nosotros. Y poder darle un abrazo y las gracias por la aventura en la que me sumergió. La más hermosa de las que he vivido en mis años, y presentarle al hombre que hoy defiende esa bandera con orgullo: Francisco Criado.
–Felicidades, Antonio. Os merecéis ese aplauso, y el cariño de todos los ejidenses a los que Cruz Roja ha venido sirviendo durante estos años.
La taza quedaba vacía sobre la mesa, la media tostada había desaparecido del plato. En nuestros rostros la alegría del reencuentro, y la esperanza de que la conversación reanudada no se acabe nunca.
–Qué así sea.