Las ideas, problemas, conflictos, cuestiones, se entienden mejor en frío, como las discusiones: más vale contar hasta veinte antes de contestar. Fuera de la fiebre de las celebraciones; encaja mejor fuera de la manipulación interesada en alejar el Día de Andalucía del triunfo del 4 de diciembre, porque este día quedó roto el guión preparado por el PSOE y secundado por el PCE; sí el partido que acabó con el filósofo Julio Anguita, cuando su proyecto amenazó ser una revolución necesitada, pese a su error de integrarse precisamente en el partido cuya doctrina tenía menos predicamento, dónde peor podía ser recibida.
El 4 de diciembre rompió los esquemas de todos los partidos centralistas, de todos para cuantos los argumentos en defensa de los derechos de Andalucía era ”buscais dividir”. No dividían los nacionalismos del norte, al contrario. Esos tenían bula. Gozaban de aprobación previa porque disfrutaban idioma propio, principio stalinista tan falso como la propia política centralista del dirigente soviético y de cualquier dictador, porque la inmensa mayoría de los dictadores son centralistas.
Porque el referéndum del 28F triunfó en Andalucía a pesar de la oposición real a la autonomía de Andalucía con simulación favorable, de PSOE y PCE, la desmovilizaron para acabar con el movimiento ciudadano que había rechazado su propósito al posibilitar la victoria, la orillaron con la falacia de su futura labor en solución de los problemas de Andalucía, al mismo tiempo infrautilizaron la Autonomía de primera conseguida a su pesar, para desprestigiarla, para hacer creer el bulo de que la Autonomía “sólo sirve para gastar dinero”. Y llevaron a cabo una movilización infame para enfrentar a las ciudades andaluzas, por el principio de divide y vencerás. Cargar la propia culpa a otros es la mejor forma de desviar la atención y quedar libre para seguir confundiendo. Y enfrentar a todos con todos, tanto como enfocarlos en un objetivo común, la mejor manera de dominar al pueblo engañado. Una manipulación artera en perjuicio del mismo pueblo que presumen defender.
A quienes a continuación ocuparon el Hospital de las Cinco Llagas y San Telmo, gracias a la hábil inoperancia de los anteriores, ya no les hacía falta desmovilizar ni destruir nada: les habían dejado el trabajo hecho. La Autonomía la han reducido a ser un medio para dar ocupación a cargos menores y para hacer oposición cuando gobiernan “los otros” y olvidar sumisos los problemas de la Comunidad gobernada cuando gobiernan los suyos. Y el mejor camino, la emotividad del lloriqueo dentro de ello en mayor medida, rebajarla a folklorismo sentimentaloide. Enaltecer figuras laterales, incluso ajenas y hasta contrarias a la defensa de Andalucía, permite entretener, como las pipas de girasol, sin que se note demasiado el vacío en el estómago ni en la mente ni en el espíritu; el vacío hecho a la Cultura, a la Enseñanza, al Arte, a la Historia y a la Economía reales de Andalucía.
Así nadie sabrá por qué la tostá de pan andaluz con aceite ha quedado como reliquia a recordar un día al año, porque los otros trescientos sesenta y cuatro deben seguir dedicados a unos roscos cargados de azúcar y aire, y un pan fofo, sin alimento, pero ambos importados de América. Porque nadie será consciente de qué se celebra exactamente ese día.
Así nadie sabrá que Almería perdió sus diez mil telares y las diez mil mujeres que los manejaban, merced a un ataque combinado de tres ejércitos “cristianos”. No sabrán que la falta de saber actual es consecuencia de una conquista enterraora de la mayor cultura antigua y medieval existente en Europa. Así a nadie se le ocurrirá recuperar el nivel alcanzado en Andalucía por la medicina, dónde acudía a curar sus dolencias toda la nobleza y la realeza del Continente.
Por supuesto tampoco sabrá nadie que una política gubernamental continuada desde el siglo XVIII hasta la actualidad, ha privado Andalucía de su industria, de su comercio, de su minería, de su banca y cajas de ahorros, es decir, de su Economía, para beneficiar otros lugares, otras comunidades “casualmente” cabeceras de aquellos conquistadores. Porque la primera labor de todo conquistador es borrar la personalidad, la historia, la cultura y la economía del conquistado, e inventarle una nueva. Sin eso la dependencia no se puede perpetuar.