A mí, te toca en este tiempo litúrgico de Cuaresma versar sobre temas relacionados estrechamente con el ámbito del catolicismo popular. Traigo a colación los sentimientos contrariados que han surgido en las redes sociales tras la decisión rectoral de la Hermandad El Silencio de Sevilla capital.
Cofradía, que conforma parte de las corporaciones penitenciales que realizan estación de penitencia durante la madrugada a la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Santa María de la Sede y de la Asunción de Sevilla.
La decisión adoptada es que quienes realicen la estación de penitencia, un cortejo pasionista de máxima solemnidad por su austeridad y sobriedad, su ascética y mística, deben de evitar los hermanos cofrades participantes, si llevan tatuajes, que no sean visibles para los fieles y público que participan de esa estación penitencial a pie de calle.
Y respecto a esta recomendación, que se recoge en la implementación de sus Reglas como en otros muchos estatutos que regulan la vida de la Hermandad, aprobados por la autoridad eclesiástica, surgen los matices, todo tiene que estar matizado y democratizado. Uno acepta con plena capacidad de obrar y personalidad jurídica participar o no de la estación de penitencia, estando obligado a cumplir con exactitud las Reglas por el bien común de toda la comunidad cofrade que participa en este medio para alcanzar el amor de Dios que nos abraza en este momento tan señalado de la Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios, Cristo Jesús.
Pues no, llegan determinados cofrades, que lo primero que hacen, es atacar a la Hermandad, a los curas, a la Biblia en pasta, que consideran que deben de actualizarse en esta cuestión planteada a los mandatos mundanos del siglo XXI. Sabemos muy bien, cuando tenemos conciencia, que pertenecer a una Hermandad y Cofradía nos obliga a actuar conforme a sus normas de regulación sí se han adoptado en legal forma canónica y que solo podrá ser visible, fuera del conjunto del hábito penitencial el anillo nupcial, el único que puede permanecer visible por ser el único elemento, que es religioso, ningún otro signo o simbología que nos haga diferenciarnos del conjunto de hermanos – cofrades que deciden de forma voluntaria sacando la papeleta de sitio a participar en la estación de penitencia.
Teniendo en cuenta, que las únicas partes visibles son las manos y los pies en caso de ir descalzo, es normal que se haga saber a los participantes, evitar cualquier hecho que desvirtúe el concepto integral de uniformidad ascética que preside el cortejo pasionista, salvo como he comentado la alianza matrimonial. Tampoco se permiten ni otro tipo de anillos, ni pulseras, ni relojes, ni uñas pintadas, etcétera. Todo esto influiría en no llevar el hábito nazareno de forma correcta. Por tanto, no se puede ni debe entender esta decisión como obsoleta y que pueda discriminar, a estas alturas, a las personas que llevan tatuajes, ni mezclar churras con merinas, algo muy habitual para defender lo indefendible por ignorancia de lo que representa la tradición en la religiosidad popular.
En El Silencio como en todas Cofradías se sabe a lo que sale, hacen estación de penitencia a la sede apostólica catedralicia. Así que esta medida no es "nueva" ni “novedosa”, al contrario, desde tiempo atrás se está pretendiendo reconducir situaciones que no están acorde con los medios y fines que se recogen en legal forma en este tipo de asociaciones pías. Y si a alguien no le gusta, que no salga, es sencillo. Hacer estación de penitencia es algo voluntario, nadie obliga a hacerla.
En definitiva, estoy completamente de acuerdo con la decisión del Silencio de la capital hispalense. La Estación de Penitencia es un medio pastoral para intentar alcanzar como he comentado, anteriormente, la santidad, que no es nada fácil en estos tiempos de elevadas tribulaciones antagónicas a los sentires de los cristianos, de los católicos.
Ahora bien, la corrección debería de aplicarse en otros cultos, especialmente, la asistencia a la Santa Misa, presencia real de Cristo Jesús y muchos van como si estuviesen en la playa o en la montaña. No digo que eso suceda con carácter general, pero ocurre y con frecuencia. Por no decir, quienes entran al templo de igual forma, sobre todo cuando se está celebrando la Eucaristía y se te quedan mirando y echándote una fotografía como si fuésemos una especie a extinguir. En fin, estoy de acuerdo pero que las Hermandades, en lo que puedan en concordancia con los eclesiásticos, cuiden también la asistencia a otros actos litúrgicos o extralitúrgicos, sobre todo en el ámbito cofrade, ya que solo basta visualizar que algunos acuden a los cultos como si fuesen a una velada de noche vieja. Basta con estar presente o visualizar los vídeos o fotografías, porque hoy se hacen un selfi, incluso, comulgando, para entender que la prestancia y el saber estar tienen que estar en concordancia con las exigencias morales de obligado cumplimiento.
Finalizo, hace seis años, un Sábado Santo en la S. y A. I. Catedral de Nuestra Señora de la Encarnación en Almería, durante el Oficio de Tinieblas, que se ha dejado de celebrar, presidido por el Obispo, Monseñor Adolfo González Montes, actual obispo emérito, miembros del cabildo catedral y seminaristas, así como, unos pocos laicos que estábamos sentados en el Coro, se flexibilizó a esa hora de la mañana, 10:00 horas, las visitas culturales y muchos de los que pasaban por el lugar en donde estábamos situados participando en la ceremonia, se ponían a “charlar” como si estuviesen en una cafetería y a echar fotografías desde todos los angulares. Tuvo que parar la ceremonia el Obispo y recomendar a los visitantes un mínimo de respeto por quienes estábamos participando en el Oficio de Tinieblas. Y eso que, en la puerta de entrada al templo catedralicio, se indica cómo hay que comportase en la Casa de Dios.
En conclusión el acto penitencial debidamente reglado es lo que debe de prevalecer e intentar cumplir con la mayor exactitud las normas de aplicación, porque la estación de penitencia es también un acto de humildad y hay que priorizar el anonimato tras el antifaz y el hábito, para conseguir el objetivo espiritual de la estación de penitencia acompañados de las devocionales y fervorosas imágenes sagradas a la catedral. Paz y Bien.