Opinión

El viaje de J. Aureliano

Juan Torrijos Arribas | Miércoles 18 de marzo de 2026

Estuve unos días en Valencia, esto de ser un jubilata tiene sus ventajas, y me dediqué, como se pueden ustedes imaginar, a visitar las fallas que nos ofrecían los artistas valencianos. Si no lo han hecho, les recomiendo una visita, es algo que merece ser contemplado por lo menos una vez en la vida, y si son dos, como ha decidido mi señora, miel sobre hojuelas, que decía mi santa madre.

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El guía nos comentó que cada vez estaba menos politizada la fiesta, y que en las fallas participaban personas de distintos partidos, en las que se buscaba la fiesta por encima de cualquier otra cuestión. Y así lo parecía hasta que apareció una en la que se representaba una cárcel y con un caballero dentro.

Valencia, Dana, agua, ríos, muertos, Paiporta, galgo, reyes. ¿Quién puede ser el que anda metido entre rejas? Eso, ¿quién piensan ustedes que era el protagonista de aquella falla, con barrotes incluidos?

Y todo lo anterior para contarnos lo del viaje de Javier Aureliano a Madrid con una compañera de la institución, a una reunión de la Femp, en la que la Uco dice que no se le vio. Pues sí. Si una mujer unió la vida de aquellas horas del presidente valenciano, al que aquella comida y horas siguientes le costó la presidencia de la Generalidad, la nota de Javier Aureliano va a ser saber el nombre de la persona, una compañera, no parece que fuera una sobrina, la que viajó con él a los madriles, con cena incluida en restaurante de lujo.

Me podrán decir, y tienen ustedes razón, que los viajes privados, incluso los de los políticos, son eso, privados. Pero, siempre que lo paguen de sus bolsillos, no que se los carguen a los presupuestos de la institución, como ocurrió en esta ocasión con un viaje de casi dos mil euros. Del resto de los gastos que se anuncian, con hipotecas incluidas, que las aclaren, pero que otro más, otro político más, se nos vaya de juerga con chica incluida y lo paguemos los ciudadanos, es de vergüenza. Sean del Psoe, o como en este caso del Pp.

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No voy a preguntar el nombre de la persona que acompañaba al entonces presidente en aquel viaje, que es de imaginar no fue de trabajo, y que debió tener alguna otra connotación más placentera, pero sí dejar constancia de que los bravos de braguetas andan por todos los senderos de la política, y que encima les encanta que esas satisfacciones se las paguemos los de siempre.

Decía el hoy presidente del Pp, Ramón Fernández Pacheco, en una reciente entrevista, que estaba convencido de que se demostraría la inocencia de Javier Aureliano. No parece que ese sea el camino que lleva la Uco, más bien el contrario. Y si algo le faltaba al Pp es que se demuestre que, tras el viaje de Javier a Madrid, de casi dos mil euros, asoma el nombre de una mujer-compañera. Eso sí, sin confundir por ahora con una sobrina.

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En la falla valenciana el hombre que estaba entre rejas era Mazón, el que fuera presidente y que aquel aciago día estaba de comida con otra mujer. ¿Solo de comida? Se notaba en aquella obra artística cierto sectarismo, la falta de alguien, tan culpable o más que Carlos Mazón ante las muertes padecidas en tierras valencianas. ¿No creen ustedes que faltaba el galgo de Paiporta, un tal Pedro Sánchez Castejón?

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