Opinión

Lo que das no vuela

Jorge Molina | Miércoles 18 de marzo de 2026

Mientras el mundo se estremece, el fisco hace caja


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El marino, con el primer sorbo de café, comenta:

—La campaña «Lo que das vuelve» de la Agencia Tributaria (AEAT) suena idílica y sugerente, aunque no responde a la realidad, porque además de lo que «das» habría que sumar la deuda pública que pagarán hijos o nietos y, en demasiados casos, lo que das no sólo no vuelve, sino que se esfuma.

Nunca se ha recaudado tanto —más de 300.000 millones €— ni se ha gastado con tan poco criterio, en un contexto de máxima presión fiscal, un déficit público estructural —cerca del 4 %—, una deuda pública creciente —1,7 billones— y un sistema de pensiones inviable, pero Pedro Sánchez ha optado por el camino más sencillo y dañino: subir impuestos y malgastar sin freno.

Lo que se recauda no corrige desequilibrios, ni sienta las bases para el crecimiento y transformación, sino que se diluye en gasto político improductivo. Lo que das, sencillamente, «vuela». Como revela el análisis de las cifras.

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Más de 75.000 millones de euros se han gastado fuera de los Presupuestos Generales del Estado mediante créditos extraordinarios, ampliaciones y fondos fuera del techo de gasto. Un modo de gobernar en la que el presupuesto es una referencia decorativa y el control parlamentario es irrelevante. Casi 4 de cada 10 euros se ejecutan sin el escrutinio de las Cortes.

El crecimiento del aparato político ha sido constante. Más ministerios, más secretarías de Estado, más altos cargos, más asesores, más entes y «chiringuitos» instrumentales. El gasto en sueldos públicos ronda ya los 180.000 millones €/año, un máximo histórico.

No para que la Administración sea más eficiente —como se ha visto con los trenes, con la DANA o en La Palma—, ni para sentar bases de crecimiento y transformación futura, sino que se ha inflado para sostener equilibrios políticos.

Introduce la joven profesora:

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—Como ejemplo de gasto vacío es la publicidad institucional. El Estado se ha convertido en el mayor anunciante del país, con partidas que superan los 160 millones €/año. Si sumamos las administraciones autonómicas, empresas públicas y organismos dependientes, se supera con facilidad los 200 millones €/año.

No se trata de informar al ciudadano, sino construir un relato, fidelizar medios y consolidar una red clientelar. Una propaganda financiada por el contribuyente en un contexto de deterioro fiscal.

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A este panorama se suman las subvenciones estructurales a ONG y redes ideológicas. Las ayudas públicas a ONGD superan los 930 millones de euros y los compromisos para ayuda internacional al desarrollo superan los 4.000 millones €/año. Solidaridad administrada desde el BOE, con escaso o nulo control, ni evaluaciones rigurosas de su impacto y resultados.

El caso de los sindicatos es revelador. Las subvenciones públicas a UGT y CCOO alcanzarán en 2025 alrededor de 32 millones de euros, cuadruplicando las cifras de 2018, sin contar fondos de formación, subvenciones autonómicas o financiación europea.

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Comenta el marino:

—Crece la tensión en el estrecho de Ormuz —la franja marítima por la que transita cerca del 20 % del petróleo mundial y del 30 % del gas licuado— y el pulso entre Irán, Israel y EE. UU., coloca la crisis energética en el centro de la economía mundial.

Esto se está traduciendo en subida del combustible, fertilizantes, transporte y alimentos, las consecuencias inflación y más crisis económica. Con la paradoja de que cada subida del combustible aumenta la recaudación fiscal, no sólo por el IVA, sino porque cerca del 50 % del precio del combustible son impuestos.

Algunos países como Portugal han suavizado la fiscalidad para amortiguar el impacto, España se lo está pensando. Mantiene la presión fiscal, hace caja y favorece la inflación. Una forma muy especial de «ayudar» a los ciudadanos.

Añade la profesora:

—El gobierno de Sánchez —sin HODIO— es un esperpento, dañino e incapaz de abordar lo evidente, en lugar de anunciar nuevas partidas y mantras ideológicos.

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Se necesita lo que la ministra Montero ni siquiera menciona, como elaborar unos PGE en base cero en el que se justifique cada euro, eliminar lo superfluo y dejando lo esencial hasta alcanzar el equilibrio entre ingresos y gastos.

Esto supone la reducción drástica de ministerios, eliminando las carteras creadas por pactos políticos y de alrededor del 30-40 % de las secretarías de Estado y altos cargos.

No revisar partidas del presupuesto por inercia, reducir las infladas, eliminar grasa, con una reducción drástica del gasto improductivo para centrarse en el productivo.

Adelgazar el Estado no es debilitarlo, es hacerlo viable.

El gasto público no es una alfombra bajo la que se esconde el polvo. El equilibrio fiscal es una condición para la supervivencia económica y política. Sin él, solo quedan deuda, parches y decadencia.

El viejo marino concluye:

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—Nuestro barco hace aguas, no es un crucero de lujo, lleva demasiada carga y un rumbo incierto.

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